jueves, 2 de mayo de 2013

La historia de Natalia de las cinco amigas (2)




La historia de Natalia de las cinco amigas (2)



Al otro dia Raquel me llevo a el comedor. Me dejo ahí abandonado tuve que tomar una bandeja. Que me hizo difícil por los pechos gigantes el poder manejarla con correccion. Me dieron los alimentos que eran sumamente escasos y poco tiempo después, con la bandeja en las manos, pase cerca de una mujer rubia ordinaria y otra morena muy joven. Ambas me miráron en silencio. Quise sonreir pero los musculos faciales no me respondieron. Era difícil adivinar mi ánimo por las expresiones de mi rostro. Más concretamente, por la asusencia de las mismas.

Yo vestía el mismo pijama que las demás internas. Mi más que generoso busto quedaba bastante disimulado, debido a que su falta de firmeza lo hacía reposar por gran parte del torso. Yo llevaba el pelo recogido en una cola de caballo. Mi maquillaje era sencillo. Sólo una fina capa de base.

Por supuesto, fue la mujer rubia y ordinaria la que tomó la iniciativa, armada de su gran sonrisa, que envidia poder sonreir asi.

-¡Hola! – dijo - ¿Te gustaría sentarte con nosotras?

Me quede quieta. En mi máscara perfecta sólo un ligero temblor de labios indicó una cierta inseguridad. Un momento más tarde asenti con la cabeza.

 Tome  una silla enfrente.

-Muchas gracias - fueron mis primeras palabras - Me desperté ayer aquí y no tengo ningún conocido aquí. De hecho - continue, mirando al infinito durante un momento -  ni siquiera estoy seguro de donde estoy. O de quien soy.

Las dos mujeres se  miraron significativamente yo no sabia porque. Me sentia terriblemente desorientado...

-Yo soy Laura - Me explico la morena -  y mi amiga es Dalia. Nosotras también nos despertamos aquí "cambiadas". Las dos provenimos de una selección de personal...

-¿En octubre? – Interrumpi -  ¡Yo soy el número tres! -exclame, señalándome el pecho con la mano abierta en un gesto que creia masculino.

Las abrace como un naúfrago se aferra a la única tabla que flota en un mar embravecido. Los siguientes diez minutos consistieron en cientos de preguntas sobre su nueva situación.

La charla se terminó cuando mi tutora, pelirroja con el pelo alborotado vino a buscarme.

- Natalia. Ya es hora.

- Apenas he tocado el desayuno.

El resto de la jornada transcurrió en lo que seria rutina: belleza a media mañana con Raquel. Gimnasio. Después ibamos a almorzar.  Por las tardes gestos y movimientos con una vieja llamada Mercedes. Luego clases de sexo.  Me levantaba lo mas tarde que podia, incluso cuando la televisión se prendia sola para obligarme a despertarme yo no hacia caso y seguia acostado hasta que venia la insoportable de Raquel a sacarme de mi cama. Queria que siguiera una rutina para el resto de mi vida: La idea de que nadie me podía ver sin maquillaje. Ni siquiera mi futuro e hipotético marido. Marido que no me importaba en absoluto. Las mañanas con Raquel y el profesor de gimnasia eran un infierno porque no entendian que a mi no me importaba nada de nada. El echo de sacarme la posibilidad de sonreir no se los perdonaria jamas. No me interesaba lograr mayor maestría en el maquillaje. Yo estaba decidido a volver a ser yo. Raquel, al ver mi desgano a la hora de maquillarme se sentia frustrada y yo aprendi a reirme pero de manera interna.

Por las tardes, la vieja  Mercedes me enseñaba etiqueta. Un sexologo me daba clases de sexo. En la universidad me habia sacado un promedio de diez y estas clases eran una estupidez para mi pero yo no queria colaborar.

Pensaba que me dejarian ir. No queria convertirme en la Natalia que querían que fuera. A veces era muy difícil saber qué deseos eran míos y cuales venían implantados o eran frutos de la sutil manipulación.                                                    

 En cuanto a mis nuevas amigas de infortunio las trataba bien hasta que pronto pase a ser una parte integrante de su pequeño grupo. Me costaba adaptarme a ese nuevo cuerpo que odiaba. Los primeros días me dedique a pensar maneras de vengarme y la gente que me rodeaba creian que eran tensiones internas que me dejaban en blanco durante un rato pero no era cierto. Yo estaba interezado en vengarme. Buscaria la forma.

En ocasiones yo cerraba los puños y me negaba a rechazar mis palabras y gestos netamente de hombre hablaba con expresiones masculinas y gestos violentos que estaban realmente fuera de lugar en mi delicado cuerpecito femenino.

A medida que el tiempo transcurría, y como ya no me importaba nada. Esas fases fueron desapareciendo. En su lugar, cambie de actitud sabia que si no me amoldaba no me dejarian ir.  Deje lugar a una personalidad mas dulce.

Trataba de ser tierno, cuando estába con esas chicas que habia conocido, podía si me esforzaba ser capaz de llorar con la simple belleza de una puesta de sol, por ejemplo pero siempre pensando en lo que habia perdido.

Odiaba a esa gente.                                          

La gente que trabajaba para esa maldita empresa o compania que nos habian modificado y robado la vida. A ellos los trataba con distancia.

 La televisión cuando me disponia a dormir, parece que la encendian a proposito, pasaban videos de lo que parecian mujeres teniendo sexo con hombres. Yo pensaba que eso era para manipularme el cerebro. Cuando me iba al baño la apagaban y la volvían a encender cuando me acostaba. Yo simulaba ver pero pensaba en otras cosas. Memorizaba cosas de mi vida y de  las carreras que habia echo. Por lo menos mi cerebro funcionaba bien.



Con una toalla enrollada sobre mi cabeza y la otra en torno a mi cintura salí del baño. Quizá incluso Raquel estuviera ya esperándome para llevarme a la tortura que ella llamaba maquillaje. Cuando abrí la puerta no estaba solo. Raquel no había llegado. Seguro que si fuera Mercedes me esperaría un castigo de los suyos, castigos que no me importaban, pero no. Me quedé paralizado. En medio de la habitación, con ropa informal y una enorme sonrisa en la cara.. ¡¡había un hombre!!

Pense que ese hombre seria mi futuro y despreciado marido.

-Quién.¿Quién es usted? - grité furioso.

 Como yo no me habia cubierto mis pechos la toalla la tenia en torno de la cintura Raquel que acababa de entrar  busco mi bata y me cubrio el cuerpo.  A mi no me importaba.

- Disculpela Doctor. – Le dijo a ese hombre. – a veces se queda en blanco. Crei que no le habian tocado para nada el cerebro.

Cuando oi eso me puse feliz porque yo tenia un gran coeficiente intelectual. Me quede quieto con la mirada fija en el infinito como cuando pensaba pero era todo una actuación para que esta gente hablara de mi como si no estuviera.

- No podemos cambiar cosas que tenga de antes. Pero todos sus estudios dieron bien la verdad no lo entiendo. Le dijimos a su comprador que es muy inteligente y si queria cambiar eso y dijo que no. Que estaba harto de las mujeres tontas.

“Asi que mi comprador estaba harto de las mujeres tontas”.

Ese hombre me paso una mano por la cara pero yo no movi mis ojos ni nada. Habia descubierto la manera de enterarme de cosas usando ese supuesto bloqueo que decian que tenia.  Queria que siguieran hablando pero Raquel dijo.

- Cuando se pone asi yo le toco el brazo y vuelve a la normalidad.

Me toco el brazo y no me quedo otra que reaccionar pero decidi actuar de la misma manera que cuando sali del baño y lo vi a ese hombre.

Le grité con furia.

-Quién.¿Quién es usted? - Mire la bata que tenia puesta y la toque  como si no recordara habermela puesto.

-Tranquila, Natalia -dijo con una voz grave el hombre - Siento haberte asustado.

Lo mire recorde mi odio hacia ese “marido” que me habia comprado.

-No. No me asusto. - Cerre los puños. – ¿Usted es mi futuro marido?

-No - contestó con una tranquilidad casi simpática que no servía precisamente para calmarme. -Natalia soy tu nuevo profesor.

-¿Profesor? ¿De qué?

- Tienes quince minutos para maquillarte pero ni uno más...

“Que insistencia, que manera de molestar con esas estupideces” Un nuevo profesor... ¿sería como Raquel? ¿O más bien del estilo de Mercedes? ¿Qué me iba a enseñar? Me preguntaba mientras me dirigia al baño.

Le pedi a Raquel que me acompañara a maquillarme pero nego con la cabeza. Debia maquillarme solo. Decidi maquillarme como Dalia, la mujer vulgar,

Oí al hombre sentarse sobre la cama, así que tuve que cepillarme el pelo y maquillarme.

Era un hombre que debía estar en sus  treinta, unos años mayor que yo que tenia veintiocho. Medía en torno al metro setenta y cinco y no pesaría más de setenta kilos. Carecía del acusado tono muscular de Alberto, el profesor de gimnasia.

De hecho, era más bien de aspecto endeble. Era bastante pálido, casi tanto como yo, lo que hacía que destacasen dos ojos de pupila negrísima. Llevaba unas gafas de montura. Su pelo era castaño oscuro, largo, y lo llevaba recogido en una cola de caballo muy al estilo de los años ochenta. Si no fuera porque no tenia barba a mi me parecia igual a aquel psicologo de esa entrevista falsa. Vestía una sencilla camisa marrón que, con aspecto algo descuidado, llevaba por fuera de un pantalón vaquero. Unas sencillas zapatillas deportivas completaban su informal atuendo. Su sonrisa era una sonrisa amplia, invitante,que mostraba unos dientes blanquísimos y le formaba unas suaves arrugas en las comisura de los labios y en los ojos. Tenia una sonrisa tan sexy pero yo no baje los ojos lo mire fijo a los ojos con odio en la mirada cuando lo ví al salir del baño vestido de nuevo con mi pijama.

Estaba sentado sobre mi cama ojeando una carpeta en la que sin duda había datos que se referían a mi persona. Datos que, naturalmente, no me dejaria leer.

Le mire atentamente grabandome sus rasgos. Asi miraba a todos incluso a las asistentes grabando en mi mente la información después buscaria la manera de plasmar en un dibujo, porque yo dibujaba bien, las facciones de toda esa gente para buscarlos uno a uno y matarlos.

-Hola .

- ¡Ah! ¡Hola! - Respondió poniéndose en pie.

-Así que es mi nuevo profesor...

-Efectivamente. Bueno, más exactamente soy el psicólogo y sexólogo.

¿Psicólogo? No me gustaba cómo sonaba eso... Pero la palabra "sexólogo" lo que me daba era directamente pánico. No entendia porque me habian mandado un sexologo. Acaso no me daban clases de sexo ya. Yo pensaba que los medicos recibian la asignatura de etica en la universidad incluso para estudiar psicologia pero medicos que se prestaban a hacer esto por dinero que etica podian tener.

- Imagino que tendrás muchas preguntas.Te han pasado muchas cosas que es difícil de interiorizar. Pero veo que no has aceptado la terapia. ¡No podrás salir de aquí!

- Me lo imagine.

-Sí, claro. En cuanto aceptes la terapia y tengamos unas cuantas charlas, habrá poco más que te podamos enseñar. Todo lo demás dependerá de ti.

 -Eso quiere  decir que si acepto la terapia  ¿Seré libre? -pregunté con ansia.

-Sí, por supuesto... Bueno, ya te habrá explicado algo Raquel. Tu eres hoy lo que eres porque alguien te ha comprado. Pero eso no quiere decir que te vayamos a entregar como esclava.

A mí, el hecho de "haber sido vendida" no me hacia  ninguna  gracia.

- No te quiero engañar: podría haber sido así. Aquí se cumplen las especificaciones que cada cliente nos da y no se hacen preguntas. Seguro que has coincidido con alguna de las chicas más "extremas" en el recinto - recorde  una chica calva sin brazos y  una mujer de tetas descomunales que habíamos visto ya un par de veces en el comedor-. Aún así, hay un número de personas cuyas modificaciones son tan  extensas que jamás son mostradas en público. Muchas de ellas ni siquiera conservan gran parte de su capacidad cerebral.

-¿Y a usted le parece bien? – Le dije con desprecio

- ¿Y a ti?

Ocbiamente no le conteste odiaba que me contestaran con una pregunta.

- Pero tu caso... es diferente. Cuando acabé tu formación y recuperación, seras libre.  Si al final acabás o no casada con tu comprador será cosa tuya.

- Pero y si resulta que no me caso con ese hombre que me compro y lo rechazo. ¿No me deberian volver a tranformar en lo que era yo?

- La transformación no se puede volver a atraz ademas con el tiempo te va a gustar. Anda... siéntate aquí a mi lado.

Le obedecí.  Caminé hasta la cama y me sente cerca de él.

- En eso de que me va a gustar se equivoca puede que no me quede mas remedio pero dudo que me guste. No le parece injusto todo esto. ¿Porque tengo que vivir como mujer incluso si no me caso con el?

- Es asi Natalia no le des tantas vueltas al asunto.

- Pero usted dice que si acepto la terapia puedo ser libre. Entonces si mi comprador no me quiere  que me impide ir y operarme de nuevo y sacarme todo esto.

-La lectura de los informes - agitó el puñado de hojas cambiando de tema - no te hace en absoluto justicia. ¡Vas a ser una mujer muy femenina y elegante! Eso si aceptas la terapia. Claro. Habrá muchas preguntas a las que buscarás respuesta, ¿verdad?

 Yo me limité a asentir con la cabeza para saber adonde queria llegar.

- Pues yo estoy aquí para dar respuesta a todas ellas. No te puede quedar ni una sobre lo que eres, lo que vas a ser y lo que puedes dar de tí -se puso en pie antes de seguir hablando - Te espero en mi despacho dentro de diez minutos. Está en la planta del comedor. Entra a la zona de consultas, segundo despacho a la derecha - volvió a sacar su sonrisa antes de concluir - Espero que esta vez vengas maquillada como se requiere de ti.

Cuando el medico se fue entro Raquel. La muchacha me miraba siempre sonriendo.

- Raquel. – La mire mal - Le puedo decir algo.

- Si Natalia. – Ella sonrio – Dime. Pero tratame de tu. Quiero que seamos amigas.

- Yo no Señora no deseo ser amiga suya. No espere de mi cariño ni demostraciones de afecto porque yo no soy asi. Nuestra relacion se va a terminar en algun momento y es mejor no encariñarse.

- ¿Cres eso?

- Si lo creo. Tal vez a usted como trabaja aquí le habran dado la orden de hacer que la gente se encariñe con usted.

- No. No me han dado esa orden.

- Entonces no hay problemas.

 La mire como miraba a todos los empleados como si fueran ratas. De una forma fria y despreciatiba.

- Pasando a otro tema Señora quiero aprender todo sobre maquillaje y me gustaria que me enseñe. Ya que me tengo que adaptar mejor no dilatarlo mas.

Raquel sonrio feliz. En su mirada se reflejaba la felicidad que sentia. Se acerco para abrasarme y yo se lo negue.

- No Raquel – Le dije alejandola de mi– No quiero tener contacto con usted ni ninguna clase de familiaridades. No le considero buena persona y prefiero que su falsedad se la guarde.

- Pero eso no es asi. – Me dijo con lagrimas en los ojos – Yo fui comprada por esta fundacion no puedo hacer otra cosa.

- Yo no voy a tener ningun sentimiento de afecto hacia usted.

- Pero Natalia a mi me obligan. Con el tiempo tu vas a ser feliz con el hombre que te compro. No te imaginas la suerte que tienes.

- Suerte. Me voy a ver obligado a casarme con un degenerado y a eso le llamas suerte.

Raquel asintió llorando se me acerco y me abrazo su cuerpo se estremecia por los sollozos.

Yo le acaricie el pelo, tal vez era una victima después de todo.

miércoles, 1 de mayo de 2013

La historia de Natalia de las cinco amigas




La historia de Natalia de las cinco amigas


Me llamo Natalia Perez Costa. Nací como varón hará aproximadamente treinta años. Mi aspecto del pasado era el de un hombre robusto, atractivo pero como era gordo no se notaba con cabellos castaños y de ojos verdes. Tenia un rostro muy expresivo pero de un momento a otro me destrozaron la vida.

Fuí alterado para ajustarme a los deseos de alguien que me compro. Recuerdo que yo era un solitario, sin familia, prácticamente sin amigos habia terminado de estudiar en la universidad no tenia  trabajo.

Todo empezó en octubre de 2006, cuando eché el curriculum para conseguir un  trabajo. como administrador de empresas yo estaba sobre calificado habia estudiado tres carreras en cinco años. Tenia un alto coeficiente intelectual.

Trabajaria en una pequeña oficina que era parte de una gran empresa. El sueldo era muy bueno.

Después de algunas pruebas escritas y una entrevista personal con lo que parecía ser un psicólogo, sólo quedamos cinco candidatos. Todos varones.

No conocía a ninguno. Tan sólo nos quedaba por pasar un examen médico. Si estábamos sanos, los cinco firmaríamos los contratos y empezaríamos a trabajar con ellos de inmediato.                          

 La consulta, por llamarla de alguna manera, era grande. Había cuatro médicos en su interior, todos hombres, todos de mediana edad. Como la mayoría de los doctores, nos ignoraban mientras hablaban en voz baja entre sí. Cuando nos miraban, era más como ganado que como seres humanos. Finalmente, uno de ellos se acercó a nosotros con cinco pequeños vasos. Nos dio uno a cada uno.

- Bienvenidos a su prueba final, caballeros - dijo, cuando todos teníamos la bebida en la mano - Por favor, beban esa solución. Es un contraste inocuo para que podamos observar el funcionamiento de su sistema digestivo.

Todos obedecimos. El sabor era extraño. Una mezcla entre jarabe de fresa y alguna extraña medicina. Y así nos quedamos los cinco, mirándonos unos a otros, sin atrevernos a hablar, en una hilera perfecta. El tiempo pasaban lentamente. Poco a poco, me dejó de importar todo y hasta el corazón, acelerado hasta entonces, se relajó. Después de cinco minutos, otro de los médicos, el tercero habló:

-Bienvenidos al lugar de vuestra transformación. La vida que habéis conocido hasta ahora termina aquí en este preciso momento. Pertenecemos a una empresa muy poderosa –continuó - si bien es diferente a cualquier otra que hayais visto en vuestra vida. Este edificio ha sido alquilado tan solo para esta "selección de personal". Mañana estará vacío.

Sentí preocupación,  necesidad de escapar. Pero permanecí allí, de pie, sin poder moverme.

- Nadie será capaz de rastrearnos, si es que alguien se molesta en hacerlo, cosa que dudo. Los cinco habéis sido seleccionados - Dijo el que parecía estar al mando - porque son personas solitarias. Sin familia, sin amigos, sin interacción social en el trabajo... Esto es bueno por dos razones: la primera, no queremos a gente preguntando por ustedes. La segunda, preferimos no destrozar familias. No nos gustan las lágrimas y el dolor, aunque ahora penséis lo contrario. Todos vosotros vais a ser felices en vuestra nueva vida, os lo aseguro. No nos gustaría que dejen a alguien llorando detrás.  Ahora, por favor desnudáos y quedáos donde estáis. Sí, toda la ropa. También la interior.

Obedecimos sin una protesta. Definitivamente, algo en esa bebida nos hacía sin voluntad.

- Permitidme que os explique lo que os va a pasar ahora - dijo un tercer doctor, más anciano que los otros. -Vais a cambiar para ajustaros a las solicitudes de nuestros clientes. Vuestra apariencia física será alterada para volverse más femenina. Algunos de vosotros seréis también eunucos. Los más afortunados quizá retengáis vuestra capacidad para tener orgasmos, incluso erecciones. Por ejemplo a ver...Número Uno, acércate. - Vas a convertirte en una mujer de 25 años, llamada Dalia.

Le dijo cuando este hombre se acerco. Este hombre no podia moverse y yo tampoco.

- Te proporcionaremos un par de pechos de silicona de gran volumen. Tendrán la apariencia de falsos, al estilo de Pamela Anderson, pero es así como nuestro cliente lo ha solicitado. Tendrás que llevar el pelo siempre teñido de rubio. Destruiremos cada folículo por debajo de tus ojos, incluidas las cejas, que te serán tatuadas en un fino hilo.  Aumentaremos tus labios, dado que tienen que ser gruesos; sin embargo, será un aumento moderado, así que seguirán pareciendo naturales. Tendrás que llevar siempre lentillas azules, de las más naturales del mercado. ¡Ah! Te extirparemos los testículos, pero dejaremos tu pene intacto excepto por sus sensibilidad, que caerá prácticamente a cero. No te preocupes... te encantará el sexo, aún siendo anorgásmica. Ahora, por favor, acude a la puerta número uno.

El hombre obedeció. Había seis puertas delante de nosotros, justo en la pared opuesta de la consulta. Despues que hablaran con el participante numero dos me señalo a mi.

- Ven aquí. Hice lo que me habían ordenado.

-Serás una rubia natural de pelo largo. Te proporcionaremos unos enormes pechos naturales, así que puedes esperar que sean muy caidos. Tu piel será pálida. Serás castrado, pero tendrás plena sensibilidad en el pene...

 Entré en la habitación. Había dos doctoras en el interior. Cerraron la puerta y ya no pude oir más.

- Por favor, túmbate en esa cama.

Después de que lo hiciera, pusieron un vial en mi brazo.

No quería perder mi masculinidad, pero seguía sin importarme. Maldito brebaje. Un momento después, todo se volvió oscuro y caí en la inconsciencia.



Cuando me desperte no sabia donde estaba y tenia mucha sed, me sentia mareado, profundamente cansado. Observe en el espejo de la habitación el reflejo de una mujer

Era una chica joven. Preciosa, realmente preciosa. La más guapa que había visto hasta el momento, lo que ya era mucho decir. Representaba la misma esencia de la naturalidad. Su pelo era largo y liso de un dorado oscuro desde el nacimiento hasta las puntas. Su melena, de cabellos finos caía sobre sus hombros.

sus ojos eran grandes  distingui unos iris verdes con motitas amarillas cerca de la pupila como los mios. Su nariz era corta y recta, en perfecta armonía con su rostro, como lo estaban sus labios, de suave color rosado que parecía suyo propio, enmarcando una boca grande. Llevaba un pijama celeste levante la mano y esta mujer tambien lo hizo. Me di cuenta que era yo.

 Mi cara no se movia. No tenia expresiones ni nada.

Recorde lo que me dijo  ese medico en la falsa entrevista laboral.

-Serás una rubia natural de pelo largo. Te proporcionaremos unos enormes pechos naturales, así que puedes esperar que sean muy caidos. Tu piel será pálida. Serás castrado, pero tendrás plena sensibilidad en el pene...

Me desnude. Mi pijama lo tire hasta convertirlo en un montón de ropa en una esquina de la habitación. Me veia  muy delgado. Mis costillas se adivinaban en el costado, mi cintura era tan breve como la de una modelo. Mi  culo era pequeño, pero redondo y apretado, Pero mis pechos eran desproporcionados parecia que eran de verdad. Lo cual representaba que no estaban precisamente muy firmes.

Debido a su gran volumen, colgaban hasta más allá de mi ombligo. Mis pezones, eran grandes y rosados con una aréola a juego en tamaño y color, miraban directamente hacia los dedos gordos de mis pies descalzos.

Empeze a notar que habia algo en mi cintura algo que rodeaba la cintura y desaparecía entre las piernas. Algo metálico y duro.

Mis  bamboleos y tirones hacían que mi pelo como, sobre todo, esos pechos, bailaran de manera incontrolada y me molestaran continuamente.

 El pelo me lo apartaba pero los pechos me obtaculizaban todo movimiento.

Finalmente, desesperado abandone la lucha y me arrodille sobre la cama, llorando. Mis pechos quedaban desparramados a ambos lados de mi cuerpo. No es sólo que estuvieran caídos es que, desde luego, eran enormes.  La habitación tenía una puerta blanca. Me vesti con ese pijama que deje en el suelo.

Mi intencion era escaparme de ahí. Giré el pomo y se abrió la puerta sin problemas. El pasillo era como el de cualquier hospital privado, luminoso y silencioso.

Una enfermera me vió asomar y acudió corriendo a mi lado.

-No, Natalia. No puedes salir - dijo, cogiéndome de los hombros y devolviéndome al interior del cuarto - Enseguida vendrá el doctor y podrás hablar con él.

- Pero... pero... - Quería decir que me quería ir a casa, pero lo que realmente deseaba era que me devolvieran a mi anterior persona, a mi anterior vida me condujo dócilmente de nuevo a la habitacion. No tardó mucho tiempo en aparecer un médico acompañado por un enfermero. Cerré los puños y me acerqué hacia él. El  enfermero me sujetó.

-Escucha, Natalia - Dijo el doctor - Con violencia no vas a conseguir nada.

 El enfermero, me solto.

- De todas formas, pronto desaparecerá esa agresividad, ya que no está programada en tu carácter.  He venido aquí a explicarte alguna de las cosas que sin duda estarás interesada en saber. ¿Vas a comportarte, o me voy?

Asentí con la cabeza.

- Has sufrido una serie de modificaciones que implican una altísima tecnología. No te voy a explicar los pormenores, porque no es necesario. No existe nadie más en el mundo que tenga la capacidad de hacer lo que te hemos hecho y aunque lo hubiera, no puede deshacer prácticamente nada. A todos los efectos, eres una mujer desde ahora, aparte de lo que los restos de tu antiguo sexo indiquen. Hemos tomado como base tu antiguo cuerpo, por eso hay partes que notarás tuyas, como tu pelo, por ejemplo. Tenemos la capacidad de alterarlo, pero todo tiene un coste, y nuestro cliente se ha gastado el dinero en otras cosas, como por ejemplo, el aumento de tus pechos y depilación definitiva. Tus pechos en principio iban a ser un barato implante corriente de silicona, pero finalmente decidió gastarse el dinero en hacerlas reales. ¡Y la verdad es que nos ha quedado una auténtica obra de arte!

Parecía orgulloso de su resultado.

 Yo quería disimular mis pechos como fuera, porque me avergonzaba pero no veía cómo hacerlo con el pijama del hospital.

- Las demás alteraciones que hemos llevado a cabo implican también una modificación de tu conducta, mediante alteraciones cerebrales. A nuestros pacientes les cuesta más tiempo actuar, por eso aún puedes tener arranques de violencia masculina, como el que has intentado. Te va a gustar el sexo, créeme - reafirmó, al ver en mis ojos extrañeza – No tendras orgasmos pero con masaje prostatico llegaras a la eyaculacion. Ya lo veras. Seras muy feliz. Pronto empezarás tu formación no todo podemos hacerlo los médicos– rió - Te enseñarán a cuidarte y a mostrarte bella. También aprenderás a dar placer sexual y el resto del programa que tu dueño ha elegido. Natalia no luches contra tu destino. Aunque, de hecho, es imposible que te opongas, puede hacer que tus primeros días sean realmente incómodos y sería una pena.

- ¿Pero porque no puede mover mi cara?.

- Ese a sido un requerimento del cliente, tu futuro marido. El ha pedido que destruyamos algunos musculos faciales.

“Ese hijo de puta”. Pense. “Cuando lo encuentre lo matare”.

El medico y el enfermero se fueron.

 ¿Aceptar lo que me estaban haciendo? ¡Nunca! Lucharía y me opondría con todas mis fuerzas. Y saldría de allí libre o me escaparía antes o después. Y  la policía de seguro que estaba comprada por esta gente. Trate de asimilar todo lo que me había dicho el medico. Me temblaban las rodillas sobre todo se debía al trauma que habían provocado sus palabras. Me sentía superado totalmente por lo que me estaba ocurriendo. Me veía realmente estúpido con ese delgado cuerpo de mujer tan desequilibrado, vestido tan sólo con un pijama de hospital, sin saber qué hacer ni a donde ir. No sé cuánto tiempo había pasado cuando alguien golpeó suavemente la puerta, como tampoco sabía el tiempo que había estado privado de conocimiento. Debería haberlo preguntado cuando me había visitado el médico. Por cierto, muy seguro debía de estar de su trabajo, ya que no me había examinado.

La puerta se abrió lo justo para que se asomara una cabeza. Pertenecía a una mujer. Era pelirroja, con los ojos azules y labios gruesos y sonreía.

-¿Puedo pasar? – La mire con mucha bronca.  Deslizó su cuerpo al interior y cerró detrás de sí.                                                                                            

El pelo pelirrojo le caía en desorganizados rizos sobre los hombros. Su nariz era pequeña y recta y sus cejas tenían forma de lágrima alargada, finas y suavemente arqueadas.

 Vestía una jersey ligero ajustado de color blanco, ceñido con un cinturón ancho y una pequeña falda negra. Tenía unos pechos muy voluminosos que no hacía nada por disimular pero naturalmente nada que se acercara al mío.

Sus piernas eran largas y terminaban en unos pies diminutos que tenían unos zapatos blancos de tacón  alto.

-¡Hola! -Se presentó, dándome un beso.-Me llamo Raquel y voy a ser tu asistente personal en tu camino hacia tu nuevo yo.

La miré. Se sentó a mi lado y fijó sus hermosos ojos en los míos.

- Estoy segura de que piensas que no te puedo ayudar en nada. Que todo lo que te ha pasado es injusto y te sientes desesperada. ¿Sabes por qué sé que piensas así?

Yo negué con la cabeza.

- Porque yo he pasado por exactamente lo mismo que tú. Hace dos años yo era... bueno, ya sabes... - Le costó mucho decir la palabra -  un varón.

Entonces mi mirada cambió a  incredulidad.

- ¿Por qué no me crees?

No dije nada. Preferi callar.  Incluso antes yo era muy callado. Ademas que a mi no me importaba.

 Ella se rió. Con su risa cristalina.

- ¿Acaso tú pareces un hombre? Claro que te faltan los detalles de belleza que toda mujer debe conocer por eso estoy aquí, para que los conozcas.

- ¿Y si no quiero? - Le grite con ira – Yo quiero volver a ser quien era. No esta porqueria.

- Natalia no hables asi. No eres una porqueria. Eres bellisima. Te convirtieron en un ser hermoso. Yo soy una empleada de la Compañía. Mi labor es conocer estilos y formas de belleza. A ti tengo que enseñarte según los deseos de tu comprador. Podrías tener otros gustos si dejásemos que se desarrollasen, pero no va a ser el caso...

- Entonces lo que yo diga no importa. Yo no tengo derecho a nada y lo mas importante son los deseos del estupido que me compro. Yo soy una persona tengo sentimientos.

- Eso ya lo se. Pero te acostumbraras y seras feliz con ese hombre.

- Se ve que no me conoce Señora. – Le grite – No voy ser feliz nunca.No pienso hacer feliz a nadie.

- Eso lo decis ahora pero te aseguro que vas a ser feliz con el.

- ¡Asi! ¿Y como se supone que voy a ser feliz? ¿Que van a hacer me van a volver a drogar – La mire con odio.

 Yo tenia una mirada muy expresiva. Cuando miraba a alguien con odio bajaban la vista. Esta mujer no fue la excepcion.

– Yo antes era muy feliz. Ahora me convirtieron en esta mierda y se supone que tengo que aceptarlo sin chistar.

- Pero vas a ser feliz. Veras que con el tiempo tu tambien te acostumbras. No me lo hagas mal difícil Natalia. vamos asi te enseño a cuidar tu imagen.

No queria aprender a cuidar mi imagen en realidad no me importaba tanto. Ya me escaparía antes o después.

- Hoy, antes de que te acuestes, te parecerás más al diseño contratado para tu imagen. Y además te va a gustar. Ya lo verás.

“Nunca lo aceptare”. Pense. “Nunca”.  Raquel me sacó de mi habitación. Me cogió de la mano pero yo me libere enojado. Mirandola con mucho odio. Ella se limito a sonreirme algo que me dio mucha mas bronca. Me  llevo a otro recinto dentro de la misma planta.

- No, no - me dijo en cuanto empecé a andar - No lo hagas así camina como mujer tienes que mover las caderas...

Se quedó un momento mirándome. Sonrió al ver mi cara sin expresión. Me volvió a coger la mano y la apretó con un gesto cariñoso pero yo me solte no queria que me tenga lastima ni agradecerle nada.

 No podía evitar sentirme ridículo hasta la médula vestido con un pijama de hospital y sandalias.

- Natalia, cariño. Mueve las nalgas.Ya sé que no te gusta, pero debes hacerlo

Suspiré y lo intenté como me decía. Lo hice para que me dejara de molestar.

Pasamos por delante de tres habitaciones similares a la mia llegamos a otra puerta exactamente igual que las anteriores, salvo que estaba en el lado del pasillo opuesto. Estaba cerrada con llave, que Raquel abrio. El interior estaba oscuro, ya que era una habitación sin ventanas. Raquel alcanzó el interruptor y pude ver lo que había. Un tocador con iluminación propia y una camilla con varios instrumentos cosméticos en un mueble a su lado.

- Hemos venido aquí para otra cosa. Aquí es donde vas a aprender a cuidar tu aspecto físico, especialmente tu maquillaje pero también poses y posturas.

Cada palabra me hacia sentir una triste desesperación. Y cuando me sentó delante del espejo volví a ver ese rostro que a la vez era mío y no lo era.

Un rostro que ya odiaba.

El óvalo facial sí que parecía mío, aunque la barbilla era más fina. La nariz recta, antes habia sido mas grande.  Mi pelo ahora era más rubio de lo que yo antes lo habia tenido.

 Mis ojos eran más grandes y más como de gato pero eran mios reconoci mi color de ojos verdes y por encima de ellos, unas cejas llenas de pelos, como siempre las habia tenido. Raquel tomo una pinza para depilar.

- Te voy a depilar las cejas.

- No. No quiero.

- Tranquilizate o llamo a los enfermeros. El cliente te pidio con cejas finas.

“Maldito cliente – Pense – No podra dejarme algo mio”. Yo antes habia sido gordo. Ahora era una mujer super delgada.

Tal vez habian usado mi grasa para hacerme esos pechos. Por lo menos mi estatura la habian respetado. Yo media un metro setenta y cinco  no me sentia mas bajo. Me tuve que tranquilizar Raquel empezo a depilarme las cejas quedaron arqueadas y finas.

- Ahora procedere a maquillarte.

Tras esas palabras, me inclinó hacia atrás en la butaca en que estaba sentado. Una luz directa me forzaba a tener los ojos cerrados casi continuamente. Poco tiempo después, sentí sus manos sobre mi rostro.

- Bueno, ya está - dijo, tras un suplicio que pareció eterno -  Mírate y díme lo que te parece.

Abrí los ojos con una mezcla de precausion. El rostro de esa mujer parecia el de una modelo. No me gusto. Nunca lo aceptaria.

 Esa mujer era sexy y a la vez natural no me reconocí.

Raquel dijo.

-¿Te gusta?.

No le conteste.

- Dime cariño si te gusta.

- ¿No se supone que soy un esclavo? Desde cuando los esclavos tenemos derecho a algo Señora.

La mire con mucha bronca.

- Pero no eres una esclava.

- Entonces si no soy esclava puedo irme cuando se me de la gana señora.

- Cuando termines el tratamiento te podras ir. – Despues se echo a reir – Pero no me trates de Señora me llamo Raquel quiero ser tu amiga.

Intento abrasarme pero la evite como si fuera una vibora.

- Yo nunca voy a ser amiga suya Señora. - Le dije recalcando el “Señora”. - Yo no voy a parar hasta hacerles pagar el daño que me han hecho.

- Pero no es asi Natalia.Espero que en el futuro cambies de idea. – Dijo sin darle importancia a mi amenaza. - Mañana, después de la peluquería, tendrás que empezar las clases de maquillaje. Ahora es tarde y han sido suficiente bombardeo de información para un día