miércoles, 8 de mayo de 2013

La nueva amiga de mi mujer




La nueva amiga de mi mujer



Hace tiempo que mi mujer me habla de una nueva compañera de trabajo que ha llegado a sus oficinas. Ambas comparten un pequeño despacho desde el que gestionan el marketing de una gran compañía.

Su amistad ha ido creciendo por momentos, pues es, con diferencia la compañera con la que mejor se ha llevado jamás en su empresa.

Los comentarios sobre Andra (la compañera) son continuos: que si Andra es muy competente... Que si Andra es muy guapa,...que si tiene buen gusto...

Llegué a sentir celos en un principio, pero luego me dije a mi mismo: que coño! Quizás suene la campana y se lleve a cabo mi fantasía de un trío!

A partir de entonces, mis respuestas a los elogios de mi mujer sobre Andra, eran totalmente dirigidas a forzar un encuentro con esa diosa.

"Cariño, si es tan genial esa mujer deberías presentármela, no?"

"Amor, debería conocer a esa chica con la que te llevas tan bien..."

Cuando yo le comentaba esto, en el rostro de mi mujer se dibujaba un leve atisbo de celosía, pero rápidamente era ocultado por una sonrisa, mezcla de  picardía e ilusión.

"Te gustará" me respondía.

Esas dos palabras se repetían en mis oídos como música celestial.

Finalmente, el encuentro se produjo.

Pasé a buscar a mi mujer por el trabajo en coche, un día de huelga de transporte público.

A pesar del intenso transito, llegué a la hora justa.

En la puerta me esperaba mi mujer, hablando con una compañera mas alta que ella y de figura espectacular. Ambas reían a carcajadas y se sujetaban una a la otra agarrándose por el antebrazo.

Mi mujer me saludó con la mano al ver mi coche y ambas se dirigieron caminando hacia a mí.

El tiempo se detuvo. Mi mujer caminaba sonriente escoltada por esa impresionante mujer de pelo negro oculta tras unas gafas de sol. Ambas contorneaban sus cuerpos al ritmo de una música imaginaría que sonaba en mi cerebro.

El paso alegre de las dos, la energía vital que desprendían y sus peligrosas curvas en movimiento ocultas tras unas minifaldas y chaquetas entreabiertas a modo de uniforme, hacían que todas las miradas las siguieran.

La puerta del coche se abrió y mi mujer dijo: cariño, esta es Andra.

Saludó esbozando una sonrisa y entró por la puerta de atrás en mi coche.

Mi mujer tras darme un beso me espetó indignada: "ni siquiera nos has abierto las puertas ni le has dado un beso a Andra. Donde están los caballeros??"

Yo me giré buscando a Andra pero ella se había adelantado acercándose entre los reposacabezas delanteros y ofreciéndome sus mejillas le dijo a mi mujer: "no pasa nada Marta, ya hace bastante tu marido viéndonos a buscar"

Cruzamos dos besos. Su mirada (ya sin gafas) con esos profundos ojazos mientras me defendía de  los ataques de mi mujer hizo que casi me enamorara.

El trayecto hasta el domicilio de Andra se me hizo corto. mis ojos visitaban el retrovisor buscando esa mirada de Andra que me había cautivado. En esa búsqueda casi infructuosa, la visión de los senos de la diosa que asomaban por encima del ultimo botón de la camisa hacían que mi conducción fuera de todo menos precisa.

yo asentía a todo lo que me decía mi mujer, sin prestar la menor atención, pues estaba distraído en todos los movimientos  de Andra, que se tocaba el pelo y se pintaba sus carnosos labios frente a un pequeño espejo cuando su imponente sonrisa (siempre presente ante los jocoso comentarios de mi mujer) se lo permitía.

Durante el viaje, y en un golpe maestro por mi parte, le dije a mi mujer: "Cariño, por que no invitamos a Andra a la villa de tus padres en la sierra?"

"Sii!" Dijo ella. "Nos lo pasaremos genial y quizás pueda presentarte algún amigo de mi infancia. Hay alguno muy guapo Andra!" le dijo guiñándole el ojo a nuestra acompañante.

Andra reaccionó con estupor y con un tímido "si, claro"

No le dimos importancia en ese momento.

Una vez en el destino, se despidió de mi lanzándome un beso con la mano mientras se agachaba ligeramente junto a la puerta de mi acompañante dejándome ver un poco mejor, sus grandes senos, mientras que de mi mujer se despidió dándole  un fuerte abrazo.

Ya en el coche mi mujer me miró, vio mi cara de embobado y me dijo: "que? Cabrón! Te ha gustado mi amiga, eh?"

Y dirigiendo su mano a mi entrepierna continuó:

"Seguro que te ha puesto dura el mero hecho de tener dos mujeres como nosotras en el coche, no"

En efecto se encontró con mi miembro totalmente duro como una piedra.

Con una sonrisa dijo: "Eres un cerdo pero.... esto no puede quedar así"

Bajó mi cremallera, metió su fría mano en mi pantalón y extrajo mi miembro entre sus manos.

Pese a mi nerviosismo no reaccioné. Entonces ella empezó a hacer movimientos bruscos ascendentes y descendentes agarrando con fuerza mi polla mientras se mordía los labios.

"eres un cerdo, eres un cabrón..." me decía. "Seguro que te has imaginado a las dos comiéndote la polla de rodillas"

Sus palabras me estaban excitando.

"seguro que te imaginas besándonos mientras tu te corres en nuestra cara, cerdo".

Miré a mi mujer que casi babeaba mirando fijamente a mi entrepierna. Sus pechos vibraban con las embestidas de su mano.

"Conmigo no se te pone tan dura mamón! Te han gustado sus tetas, eh!?". Esas palabras y la presión de su mano sobre mi miembro hizo que yo estallara mientras golpeaba mi cabeza en el respaldo del asiento superado por las convulsiones. Varios chorros del leche salieron disparados antes de que mi mujer sorprendida por mi precocidad, decidiera meter todo mi glande en su boca en un intento de parar ese volcán. Varios chorros más golpearon en el fondo de su garganta provocando sonidos guturales de aprobación de mi mujer. antes de retirarse, se insertó toda la polla de un solo golpe para no dejar rastro alguno del crimen sobre mi pene. Se retiró lamiéndose las comisuras e intentando limpiar también los restos que habían impregnado el volante.

"Ya hablaremos de esto cabroncete" dijo con una sonrisa pícara como nunca se la había visto.

Al día siguiente, encontré a mi mujer triste y distante al volver del trabajo.

Al preguntarle por su desafección, ella me contestó con lágrimas en los ojos: "Andra..., Andra no va a venir"

"Andra me ha estado engañando",  "Andra....es un hombre"

Se sentó en la cama con las manos tapándole sus llorosos ojos. Yo me quedé de pie con la boca abierta.

Esa escultural mujer era en realidad un hombre!

Durante un minuto se hizo el silencio.

Creo que mi mujer se sentía decepcionada y confusa.

Entonces reaccioné: "Cariño, es normal que Andra haya ocultado su condición" "Además, cual es el problema?. Andra sigue siendo tu compañera, la que te hace reír, con la que compartes buenos momentos, no?. Vas a ser tu la que le juzgue?"

Mi mujer me miró aun sollozando. De repente dijo: "Pues tienes razón! No voy a ser yo quien la juzgue!". Cogió el teléfono de su bolso y llamó a Andra. Su cara cambió de semblante mientras conversaba con ella. La invitación (casi obligación) a casa de sus padres se estaba formalizando. Ella creía que sería bueno para que Andra se olvidara de prejuicios.

Tras tres días que se hicieron eternos para mí, llegó el fin de semana.

recogimos a Andra en su domicilio y nos dirigimos a casa de mis suegros. Durante el viaje todo fueron risas y en ningún momento salío a relucir la condición sexual de Andra.

ya en casa, abrimos las persianas y mi mujer acompañó a Andra a su habitación.

Yo me dirigí a a la piscina para limpiarla y colocar las hamacas.

A los pocos minutos bajó mi mujer vestida con una blusa y un bikini. Traía 3 cervezas (que habíamos comprado en una gasolinera cercana) en las manos. Tras darme una a mí, preguntó por Andra. En ese momento apareció ella. Iba ataviada con un vestido semitransparente que dejaba entrever un trikini. caminaba de manera tímida pero a la vez muy sexy sobre unos zapatos con una pequeña plataforma con tacón.

Tras aceptar la cerveza de mi mujer con una sonrisa, se sentó en una de las hamacas con las piernas cruzadas.

mi mujer estaba entusiasmada. no pudo esperar a que yo acabara de limpiar la piscina, se quitó la blusa y se tiró a la piscina.

"Uf, lo necesitaba!" dijo ella mientras realizaba unas brazadas en la piscina.

¨"vamos Andra!, tírate" espetó a la invitada.

Andra respondió con un amable "no" y una sonrisa.

"Me da un poco de corte"

Mi mujer, que es muy avispada, le respondió guiñándole un ojo: "Vamos Andrita, que mi marido ya lo sabe todo. No te preocupes"

Andra me miró con cara de sorpresa ruborizándose.

Haciéndole un gesto de aprobación con mi mano, indicándole la piscina y con un: "Andra, has venido a disfrutar con tus amigos. no te preocupes"

Tras un momento de duda, Andra dejó la cerveza en el suelo, se puso en pie y se quitó el vestido por encima de su cabeza en un movimiento que me pareció muy femenino.

Entonces pude ver todo su cuerpo con esplendor.  Joder! Vaya curvas! Que piernas! nunca se acababan!. Tenía una cintura de avispa que se ensanchaba ligeramente en sus caderas en las que destacaban unas perfectas ingles depiladas acentuadas por la forma triangular de su trikini. Es cierto que se notaba una pequeña protuberancia, pero no mas grande que un poblado monte de venus femenino.

El triquini se estrechaba en su estómago plano, perfectamente cuidado a base de ejercicio, para acabar abrazando sus enormes pechos dispuestos a escapar en cualquier momento de esa asfixiante presión.

que cuerpo tiene "el cabrón"!

Una vez desprendida de sus zapatos y de sus gafas, Andra saltó de forma grácil  dentro de la piscina.

En el agua las sirenas se abrazaron en un gesto de camaradería femenina.

Yo seguía a lo mío sin quitar ojo a los juegos y carantoñas que se regalaban ambas.

Salieron del agua y, caballerosamente les acerqué un par de toallas.

Mientras yo secaba la espalda de mi esposa, no podía dejar de mirar las largas piernas de Andra que se estilizaban más aun cuando la veías caminar de puntillas junto a la piscina.

Mi mujer cogió a nuestra invitada de la mano para llevarla hasta las Hamacas, donde, tras brindar con las cervezas tumbaron sus húmedos cuerpos.

Mi mujer, sin dudarlo se quitó la parte de arriba dejándome apreciar sus redondos pechos en los que se podía ver la marca blanca dejada por el bikini (tan line) y unos rosados pezones a los que yo amaba aferrarme.

Andra, la miraba pero no se atrevía a hacer lo mismo, hasta que mi mujer, poniéndole una de sus manos tras el cuello, en un movimiento rápido, logró desabrocharle el cordón del trikini.

Andra, sonrió, levanto su torso y dejó caer la parte de arriba del trikini.

Dios mio! Que globos tiene esta diosa! Eran grandes pero firmes. Sin una marca de bikini ni de cirugía alguna (está claro que tomaba rayos uva y que su cirujano había hecho un buen trabajo). Sus pezones se mostraban duros desafiando la gravedad. Volvió a tumbarse.

Eso me hizo entrar en calor y tuve que quitarme la camiseta.

Mi mujer, no se tumbó. Se quedó embobada mirando a los pechos de Andra.

Se atrevió a tocarlos mientras Andra, con los ojos cerrados sonreía.

Podía ver que estaban hablando, pero no distinguía el contenido de la conversación (aunque se intuía).

Mi mujer pasaba su mano por pechos, bajaba por la barriga y se detenía cerca del pubis. Ambas reían a carcajadas.

En un momento dado, mi mujer acarició con cara de sorpresa el montículo que sobresalía de la entrepierna como preguntándose que se ocultaba ahí.

Andra reaccionó riendo cerrando más las piernas y señalándome con rubor.

Aproveché ese tórrido momento para acercarme disimuladamente a ellas.

Ellas, mientras, hablaban:

"Pero, entonces tienes relaciones?" "Se te pone dura?" Preguntaba curiosa mi mujer.

"Claro!" Contestaba Andra con timidez.

"Pero, pero... Donde lo metes todo? Digo! Como lo escondes?"

Preguntaba Marta sin dejar de acariciar la zona.

"Pues... No se. Con arte y ... No es tan grande!" Reía Andra.

Mi mujer hacia gestos con el trikini de Andra como queriendo ver mas. Andra intentaba impedirlo pero, en otro movimiento hábil de mi mujer, logró introducirle la mano bajo la tela a Andra.

"Diós, si que tiene pito" gritó mi mujer llevándose la mano a la boca y mirándome.

"Pensabas que te estaba engañando??!" Respondió nuestra invitada.

Todos esos jugueteos de mi mujer habían provocado que, lo que había sido un sutil monte de venus, pasara a ser algo mas parecido a una tienda de campaña.

Andra se tapaba mientras me miraba avergonzada.

Yo sonreía despreocupado (almenos quería dar esa impresión) mirando la escena.

Mi mujer consiguió que Andra se tumbara poniéndole una mano sobre el pecho mientras conseguía introducir de nuevo la otra dentro de lo que quedaba de bañador.

Andra se aferraba con nerviosismo a la tumbona con sus fuertes manos de largas uñas pintadas de blanco.

Entonces la larga pierna doblada de nuestra invitada que me impedía ver con claridad lo que estaba pasando empezó a relajarse y estirarse, dejándome ver como la mano de mi mujer tenía aprisionado el miembro de Andra ya fuera de la tela.

Mi mujer tenía la cara desencajada mirando aquel espectáculo de carne que había ido creciendo y creciendo desde un inicio poco prometedor (por no decir minúsculo)

"Pero, pero ... Hija mía!. Esto ya no se puede esconder!" Decía mi mujer sin dejar de acariciar el rabo de Andra.

Con las suaves caricias de mi mujer, empezaba a despuntar un enorme capullo rosado entre la piel morena de su miembro.

Andra no se movía. Solo miraba la escena, cerrando los ojos de vez en cuando.

Mi mujer me miró, miró mi erección, sonrió y empezó una serie de movimientos ascendentes y descendentes sobre el pene de Andra.

"A ver cuanto puede crecer esto" dijo mi mujer a Andra.

Zap, zap,  zap, zap...

Podía oír desde donde estaba yo las sacudidas que intercalaba con caricias sobre los pequeños testículos de nuestro shemale particular.

"Por dios cariño! Andra tiene casi mas polla que tu" espetó la muy zorra. Y no iba mal encaminada, pues calculo que podía medir unos 17 cm de pura carne morena.

Marta no aguantó mucho, y con un simple "con tu permiso amor, tengo que probar el juguete de mi amiga" se situó entre las piernas de Andra y empezó a lamerle el glande.

Andra seguía aferrada a la tumbona, desde donde  me ofrecía su espectacular perfil de grandes pechos con los pezones totalmente erectos, su perfecto vientre plano y su enorme pollón apunto de ser engullido por mi mujer.

Marta tenia apretada la base de la polla de Andra, mientras sus labios ya rodeaban la totalidad del glande.

Slup, glup, slup, glup...

Chupaba y chupaba con desesperación (es toda una artista la muy puta), y, sin dejar de hacerlo, me indicó con su dedo índice que viniera hacia ellas.

Tiré la red de limpieza y siguiendo las indicaciones me acerqué a ellas.

Con un empujón en mi trasero, Marta me situó a la altura de Andra, que al verme, me desabrochó los pantalones, metió una de sus grandes manos en mi pantalón, sacó mi polla totalmente erecta y, tras mirarme a los ojos, empezó a lamerla con suavidad.

Su lengua recorría mi glande limpiando todo mi líquido preseminal.

No se que me volvía mas loco, si la cara de Andra lamiendo mi polla o la imagen de mi mujer comiéndole la polla al transexual.

De repente, oí un "gluup" y los gemiditos de Andra se detuvieron. Me giré y vi a mi mujer apoyada sobre las caderas de Andra, con toda la polla metida hasta los huevos en su garganta.

Andra se estremeció, dejo de lamerme pero continuó moviendo su mano sobre mi falo con movimientos espasmóticos.

Sus oscuros pezones se pusieron duros y no pude resistirme a apretarlos con fuerza.

Marta extrajo el miembro, brillante por la saliva, de su boca, respiró y volvió a metérselo entero en la boca.

Eso fue demasiado para Andra que convulsionó bruscamente y lanzó un grito de placer.

Miré a mi mujer que se resistía a separarse de su ágape a pesar de que estaban descargando una gran cantidad de leche en su interior.

Ví la base del pene de Andra hincharse 3 o 4 veces mientras mi mujer lanzaba sonidos guturales.

Yo tampoco pude mas. De mi polla salieron 4 chorros que, en su mayoría, impactaron en la boca de Andra que seguía gimiendo de placer sin dejar de exprimirme.

Mis piernas flojearon y me separé.

Entonces pude ver a mi mujer toser y expulsar semen en grandes cantidades por su boca, siempre sin perder su sonrisa de satisfacción.

Andra se encontraba toda embadurnada de leche, pero sin perder el tiempo se levantó, cogió a mi mujer, la tumbó en la hamaca boca arriba, le separó las piernas con brusquedad e insertó su larga lengua en el coño de Marta.

Mi mujer gemía y parecía resistirse, pero Andra era mas fuerte y estaba dispuesta a hacerla disfrutar.

Yo podía ver la lengua de Andra entrado y saliendo del coño, mientras sus habilidosas manos separaban los labios inferiores de mi mujer, intercalando leves movimientos circulares sobre el clítoris de mi mujer.

Como chillaba la muy puta mientras su amiga le realizaba el mejor cunnilingus de su vida.

Andra estaba desbocada, levanto levemente la cabeza e introdujo dos dedos dentro de mi mujer con las yemas hacia arriba. Entonces empezó a masturbarla con energía.

Andra me miraba y miraba a mi mujer, la cual me apretaba la mano con fuerza.

Al ver todo esto y ya con mi miembro medio recuperado, levante una pierna por encima de mi mujer, situé mi polla frente a la boca de Marta, me agarré a la hamaca y ... Empecé a follarle la boca a mi esposa.

Arrrggg, glup, glup, glup...arrrgg

La saliva le salía por las comisuras de la boca.

De vez en cuando la sacaba entera para que pudiera respirar y disfrutar de la paja que le estaba haciendo Andra.

En una de esas, a mi mujer se le ponen los ojos en blanco y arquea la espalda, obligándome a apartarme con un golpe de su mano.

Entonces pude ver, como del coño de Marta empiezan a salir chorros y chorros de líquido que impactan en la cara y las tetas de Andra, que retira sus dedos con brusquedad del interior de Marta provocando mas espasmos incontrolados en mi mujer.

Andra se yergue, y con los fluidos de mi mujer aun en la mano empieza a frotarse su polla mientras amasa sus própios pechos. Parece que el cabron/a quiere mas y así nos lo hace saber.

Levanta a mi mujer, la pone a cuatro patas sobre una de las toallas, se ensaliva la polla, agarra las caderas de Marta y, de un solo golpe, se la mete hasta el fondo.

Mi mujer, tras un gemido, me mira, me sonríe y agarra mi polla metiéndosela en la boca.

Joder! La imagen de esa diosa follándose a mi mujer mientras sus tetas se mueven al compás de las embestidas, me volvió loco. Empecé a follarme la boca de mi mujer mientras miraba a los ojos a Andra (que buena estaba)

Marta me apartó y me dijo (casi llorando de placer): "cariño, fóllate el culo de esa perra".

Miré a Andra que me sonrió, y me dirigí sin pensármelo a su espalda.

Una de sus manos de uñas perfectas me estaba esperando abriendome el camino a ese perfecto culo respingón . Puse saliva en mi prepucio, apunté a su oscuro objeto de deseo y empecé a metérsela poco a poco. Andra gemía sin dejar de moverse. La mano que estaba en su culo, paso a agarrarme la nuca para que me acercara a sus labios. Nos besamos mientras por encima de su hombro, veía su polla perforando a mi mujer. Su larga y brillante polla entraba y salía sin resistencia de su dilatado coño, mientras yo notaba su estrecho esfinter apretando mi polla.

Que imagen! Dios!

En otro momento de locura, situo mi mano sobre la polla de Andra apartándola de mi mujer, y le ordeno que separe las nalgas de Marta.

Andra obedece pese a las quejas de Marta, mientras yo apunto el lubricado miembro de la invitada al culo de mi mujer.

No sin dificultad, veo desaparecer el glande poco a poco dentro del ojete de mi mujer que lanza pequeños gritos de dolor.

Con mis embestidas sobre Andra, favorezco también que está perfore a mi mujer con suavidad.

El movimiento se convierte en un baile sincronizado de tres caderas.

Zas, zas, zas

Mis manos se sitúan en las enormes tetas de Andra que se mueven al son de nuestras caderas.

Los jugos hacen su trabajo facilitando penetraciones mas profundas en el culo de mi nueva diosa. Cierro los ojos obligado por el placer que esta provocándome la penetración de ese estrecho culo. La sensación de notar sus pezones resbalando entre mis dedos es indescriptible lo que me recuerda que no debo perderme ni un ápice de esta tórrida escena.

Cuando noto que mi miembro va a estallar, situó mis manos en la cadera de mi mujer y aumento el ritmo de mis embestidas.

Inmovilizadas las dos por mis brazos, solo pueden que gritar.

-Aaahhh, siiii, daleee cariño! Noto cuando se la clavas a Andra!

-Follamé el culo cabrón! Quiero que te corras dentro mientras lleno de leche el coño de tu hembra!

Entonces en una de esas clavadas en las que casi meto hasta mi huevos, noto como dos calientes chorros salen disparados al interior del culo de Andra. Mi pene se hincha en cada disparo pese a la resistencia de las suaves pero prensiles paredes anales de Andra.                                                                                                              Tras un chillido de placer, la shemale empieza a convulsionarse lanzando su semen dentro de mi mujer, que con dos de sus dedos introducidos en su coño, acaba también gritando mientras se convulsiona de placer.                                                                                                                                                                                     Yo ya apartado de ellas dos puedo ver la escena de Andra, con su culo chorreando de leche, aferrado a las tetas de mi mujer temblando tras las descargas.  Marta, por su parte, ensartada por el miembro de Andra, con la cabeza apoyada en la toalla, grita de placer mientras por su piernas resbala una mezcla de semen con fluidos femeninos. Tras unos segundos manteniendo esa postura, ambas caen exhaustas sobre la toalla donde antes habían practicado... amor salvaje entre "amigas"

La noche de bodas con Sofía




La noche de bodas con Sofía




Mi boda iba sobre el programa. Ningún contratiempo salvo por un retraso del juez de instrucción que debería casarnos. Pero salió todo bien. Muchos invitados a los cuales gran parte no conocía. Mucha familia por parte de mi novia, además da alguno laboral.

El banquete discurrió tranquilo, bueno, todo lo tranquilo que puede discurrir un banquete con 190 invitados. Mi suegro tiene un empresa y entre clientes y empleados, familia y demás, pues eso....150 personas.

Preveíamos ganancias pero estaba por ver. Ana, mi novia, solía beber cuando salíamos, era su “manía”, como ella lo llamaba. Me había prometido que lo intentaría dejar en cuanto nos casásemos, aunque me había pedido que en la boda la dejase a su aire. Eso significaba terminar borracha perdida, como siempre que salíamos a algún evento especial.

Aquella noche iba a ser memorable, la borrachera, me refiero. Ana no había parado de beber Champán y vino y ahora ya estaba con los cubatas. Ella decía que sólo bebía calidad, para mi todo era alcohol y más alcohol.

-Ana, por que no paras ya cielo, que no vamos a poder disfrutar esta noche- dije insinuando que quería que estuviese mínimamente lúcida a la hora del sexo.

-Dejamef, coño que es mi bodaf...- Ya era tarde. -Me engüentro mal, cariñof...- Y con un gesto como si fuese a vomitar, me miro pidiendo ayuda. La saqué de la pista de baile y nos fuimos a los baños. Un gran baño con pequeños departamentos, ya sabéis, para aguas mayores. Entramos en unos de esos y ella se arrodillo inclinando la cabeza hacia el water. Nada ocurrió.

-Estás bien mi cielo- Pregunté preocupado.

-Pues claro que estoy bien, ¿por que no iba a estar bien?- Dijo ella con gesto indignado. Ahí me dí cuenta, de que eso no iba a cambiar. No iba a dejar de beber. Me había casado con ella y con el alcohol. -Miraf ya que estoy aquírf...- Y echando mano a mi pantalón, me bajó la bragueta.

-Pero, ¿que haces?- Pregunté incrédulo. “Estaba a punto de vomitar y ahora me la quería chupar?!”, recuerdo que pensé. Ni me respondió. Me la sacó aún fláccida y se la metió en la boca. Chupaba sin control. No era desagradable, pero tampoco me gustaba mucho. Torpe, se le salía de la boca. A mi se me puso dura, pero por reflejo, más que por placer. Lo hacía con ansia y se la metía hasta la garganta. Se comportaba como una zorra.

-Te gustaf ciellof?- Me dijo sacando la lengua y dando lametazos a lo largo de mi polla. Se la volvió a meter en la boca con ganas de devorarla y cuando empezaba a sentir algo, vomitó. A punto estuvo de hacerlo sobre mi, pero se retiró a tiempo. La ayudé sujetando su cabeza. Mientras terminaba, salí al salón para pedir ayuda. Allí vi a Rocío...creo, una prima de Ana a la que yo no conocía pero me habían presentado esa misma mañana. La invitó su padre. Me daba igual, era familia.

-Perdona, puedes ayudarme, es que Ana no se encuentra muy bien-

-Claro, ¿donde está?- Me preguntó con voz de sorpresa. Era alta, morena y llamativa. Una mujer a tener en cuenta, como diría mi padre. La cogí de la mano para indicarla. Tenía unas manos fuertes.

-En el baño- Cuando llegamos, el espectáculo era deprimente. Ana, estaba dormida encima de la taza del water. -Ana! Ana!, despierta- Esta casi ni se movió. -Te importa si la subimos entre los dos a la habitación. Creo que lo mejor es que se eche a dormir- pregunté.

-No, claro. Vamos- Y entre la prima y yo la cogimos y la levantamos.

Ana, se giró y abriendo los ojos nos miró a una y otro y mirándola a ella dijo algo como Juan...

-Rocío, podrás llegar a la habitación, ella no está ayudando mucho, como de costumbre-

-Sofía, me llamo Sofía y si no te preocupes que si puedo, si me dejan los tacones- Dijo ella sonriendo. Era guapa, muy guapa y con unos ojos marrones muy marcados, no sé si por el maquillaje.







Con cierta dificultad llegamos a la habitación, que por ser la suite nupcial, era enorme. Con dos ambientes. Entramos en lo que era el dormitorio en sí y como pudimos dejamos allí a Ana. Le quitamos parte del vestido y la arropamos. El olor a vómito era...en fin, os hacéis una idea. Tenía el pelo sudado, posiblemente del esfuerzo. Con aquella mujer me había casado. Esa idea no dejaba de repetirse en mi cabeza.

-Creo que así dormirá bien- Dije mirando a Ana.

-No te preocupes, no se acordará de nada mañana- y me sonrió con dulzura.

-Escucha, no quiero volver a la fiesta, estoy cansado y un poco triste. Así que, si no te importa me quedaré aquí, espero que me disculpes- Le expliqué mientras salíamos del dormitorio separado por un gran arco del salón de la suite.

-Disculparte ¿porque?- me preguntó ella-¿Por no acompañarme abajo?- y con un gesto de la mano le quito importancia. -No te preocupes, yo ya estaba pensando en tomarme la última en mi habitación- respondió.

-Bueno, si quieres te invito a la última. El mueble bar de la suite está muy bien equipado- Ella pareció pensar y sopesar las posibilidades.

-Bueno, me da igual aquí que en mi habitación- dijo y se sentó en el sofá. -Así no me la tomo sola-

-Yo también me la iba a tomar solo- Dije -Y eso que estoy casado...-

-Vaya, no ha sonado muy feliz- Me dijo. -Perdona que me meta donde no me llaman-

-Es sólo que no quiero que mis noches terminen así cada vez que salgamos- Dije, señalando la cama y a Ana.

-Ya sabías con quien te casabas. Ha sido así siempre-

-¿Es tu prima, verdad?-

-Lejana, prima segunda, en verdad- respondió. Yo levanté una botella de ginebra mostrando mi elección a la cual asintió sin reparo. Serví dos copas de ginebra con hielo, sin nada más. Me acerqué a ella y le tendí la copa, mientras admiraba sus largas piernas, que parecían surgir de aquel apretado vestido. -Nos criamos juntas en el pueblo. Antes estábamos más unidas, pero algo pasó y perdimos contacto- No quise preguntar ese algo. Me pareció que no quería hablar de ello.

-Me ha prometido dejarlo- respondí mirando de soslayo a la cama.

-No te lo tomes a mal Víctor, pero eso ya lo ha prometido antes- Dijo bebiendo del vaso -No eres el primero, aunque si el más guapo- "Ehh!" pensé, pareció un flirteo. Pero rápido reaccioné, los hombres vemos flirteos donde no los hay, aunque me sonreía muy dulcemente.

-Gracias Sofía. Me lo tomo como un alago viniendo de una chica como tú- Dije admirando su belleza.

-¿A que te refieres "como yo"?- preguntó de repente como muy enfadada.

-Eh... bueno, no te enfades. Me refiero a una mujer tan guapa. Para mi no es normal, recibir halagos tan directos de una mujer de tu talla- Dije señalando su cuerpo a modo de admiración.

-¿lo dices en serio?- Preguntó aún tensa.

-Claro, ¿porqué iba a mentirte?- respondí.

-¿Es que Ana no te ha contado nada sobre mi?- preguntó ella ya calmada.

-Pues no, algo mencionó cuando vio la lista de invitados que le había pasado su padre- Ana y su padre discutieron por algunos invitados que Ana no quería. Sofía era una de ellas.

-Sabía que ella no me había invitado- Dijo sonriendo- Perdona, pero es una vieja historia. Así que ¿me consideras una mujer bella?-

-Eh...si. No me malinterpretes. Quiero a Ana, pero tengo ojos y lo que veo es una mujer con un cuerpo increíble- Y según lo decía me dí cuenta de que a lo mejor me estaba excediendo. Que no sólo hablaba yo, sino que el alcohol me desinhibía.

-Mmm, gracias. Pocas veces recibe una estos piropos- Me respondió. -La verdad, es que me asombré cuando te vi, Ana no suele tener tan buen gusto con los hombres- Dijo mirándome de arriba a abajo. Yo me sentí observado y estudiado. - Ahora veo que te pudo engañar por lo bueno que eres- Dijo mirándome a los ojos. Se acercó a mi y cogiéndome el vaso de las manos me dijo: -¿Quieres que te ponga otra? Necesito enfriarme que esto se está calentando- Sus labios rojos y brillantes me hablaban a pocos centímetros de mi cara. Sus ojos miraban a mi boca. Yo balbuceaba.

-Eh...si, si pon otra...gracias- Ella se levantó e hipnotizado no pude apartar la vista de su cuerpo, que se contorneaba delante de mi. Un ronquido de fondo me recordó que estaba casado y que mi mujer dormía a pocos metros.

-No te preocupes, ella duerme y no se despertará hasta mañana- Estaba mirando a la cama por encima del respaldo del sofá cuando Sofía me habló muy cerca de mi. Me giré y allí la vi, de pie junto a mi ofreciéndome mi vaso.

-Gracias Sofía-

-De nada cielo- Y se sentó en el sofá, esta vez mucho más cerca de mi. Yo estaba nervioso. Se suponía que debería pasar la noche con mi mujer, pero estaba, una vez más borracha como una cuba en la cama. Roncando. -Esta noche debería ser especial para ti- Me dijo Sofía, como si me hubiese leído la mente. -¿Brindamos?- Dijo alzando un poco aquel pesado vaso, lleno de ginebra, la cual, empezaba a hacer efecto. -Por una noche especial!- Y bebió intercambiando una mirada penetrante conmigo. Me puse aún más nervioso. No, no podía estar tonteando conmigo, era la prima de mi mujer y además estábamos en la misma habitación que ella.

-Pero no lo es, especial, me refiero- Dije después de beber un trago de ginebra. -Ahí tienes a mi mujer...- Dije señalando con la mirada el bulto de la cama.

-No lo es, por que tu no quieres que lo sea- Y acercándose a mi me pasó un dedo por mi mejilla. Estaba claro que se me estaba insinuando, pero "no podía hacer nada allí, Ana estaba al otro lado de la habitación", no hacía más que repetirme eso.

Sin que yo me lo esperase ella se arrimó más y me dio un suave beso en los labios. Yo no me aparté. Sonriendo al notar mi nerviosismo me dio otro más largo mientras deslizaba una mano sobre mi paquete. Me dejé llevar y abrí la boca para ofrecerle mi lengua la cual tomó con ganas. Nuestras bocas se abrieron a un beso apasionado. Hacía mucho que no me besaban así. Ana ya no me besaba así. Sus caricias sobre mi paquete, el cual aumentaba de tamaño por momentos, se intensificaron. Nuestro beso se alargo y mis manos sujetaban ya su cara de una forma delicada. Ella gemía suavemente, y yo ya no pensaba.

Un ruido que venía desde la cama me sacó de mi concentración. Paré el beso y giré mi cabeza en dirección a la cama. Ambos lo hicimos.

-No se despertará, te lo aseguro. Ha bebido para tumbar a un elefante- Me dijo Sofía mientras delicadamente con un dedo giraba de nuevo mi cara para que la mirase a ella. -Voy a darte la noche de bodas que deberías haber tenido- Y tras decir esto me volvió a besar. Yo nunca había sido infiel a ninguna de mis parejas, pero claro está, ninguna de mis parejas había terminado la noche de bodas en la cama borracha.

Ella seguía besándome. Me chupaba el cuello mientras frotaba mi paquete, para volver a mi boca y meterme la lengua.

Debido a los besos y las caricias, mi polla comenzaba a estar apretada dentro del pantalón. Ella lo notó. Y se arrodilló frente a mi. Sentado donde estaba en el sofá, me ofrecía una vista increíble de su escote. No tenía unos pechos muy grandes, pero su canalillo era hipnótico. Me desabrochó lentamente el pantalón del chaqué y sacó mi verga ya dura. Tiró de él y del calzón y me dejó desnudo de cintura para abajo.

-Disfruta y no pienses en nada- Se echó su larga y lisa melena negra hacia un lado con un gesto sencillo y con la mano derecha agarró mi miembro acariciándolo suavemente. Con la otra mano apuró el vaso de un largo trago y sin decir nada más engulló mi polla que desapareció en su boca. A mi se me escapó un gemido que intenté ahogar, pero no pude. Ella me miró y medio sonrió sin sacarse mi pene de la boca. Su vestido ajustado azul eléctrico, resaltaba con su blanca piel. Mientras sus labios se deslizaban por mi pene en un sube y baja repetitivo, pensaba que tenía una figura preciosa e iba muy bien maquillada. No dejaba de preguntarme como una mujer así se había querido acostar conmigo.

Su negra melena no me dejaba ver bien como lo hacía, así que con cuidado y suavemente la aparté. Ella me miró sin sacarse mi verga de la boca y sonrió. Jugaba con su lengua por mi glande y se la volvía a meter. Para un par de veces engullir por completo mi polla. Era toda una profesional. Menuda mamada me estaba dando. Parte del tronco de mi polla estaba rojizo por los restos de carmín que ella había dejado en su frenético sube y baja. Yo cada vez pensaba menos en que mi mujer estaba en la cama de al lado.

-Ahhh, mmmm- Se me escapaban gemidos que intentaba silenciar, pero era imposible.

-Veo que te gusta lo que te hago- Me susurró ella con una sonrisa diabólica. Dios! Menuda belleza, como me ponía aquella mujer!

-Lo haces increíblemente bien- respondí mientras ella reanudaba la mamada. -Mmmm, sigue por favor...- Se la sacaba y la restregaba por su escote. Gotitas de saliva mezcladas con liquido pre-seminal se impregnaban en su vestido, pero a ella no la importaba. De vez en cuando se la sacaba de la boca dejaba caer un poco de saliva para lubricarla y me masturbaba un poco. Con la otra mano me acariciaba el ano sin llegar a meter el dedo, suavemente. Me gustaba, aunque era la primera vez que me lo hacían.

-Como sigas me corro...Sofía- Dije bajito para que sólo ella me oyese.

-Y no queremos eso aún, ¿verdad?- preguntó ella sonriendo. - Tengo que decirte algo que a lo mejor no te gusta- me dijo mientras se ponía en pie. Yo no me imaginaba que era. -¿Seguro que Ana no te ha hablado de mi?-

-Seguro. Lo recordaría- dije sinceramente. No sabía a que se refería. Ella lentamente se bajó los tirantes del vestido. Tiró hacia abajo y descubrió unos pechos firmes y redondos. No llevaba sujetador. Yo no podía apartar la vista de ellos. Eran increíblemente redondos y sus pezones oscuros estaban más que erectos.

-¿Te gustan?- Me preguntó mientras seguía bajando el vestido.

-Son preciosos- respondí torpemente. Finalmente empujó el vestido hasta abajo y descubrió un tanga negro que hacía juego con su pelo que cubría ahora levemente sus pechos. Dios que cuerpazo! Estaba poniéndome a mil!

-Víctor, no soy lo que esperas, aunque espero no espantarte- Puse cara de confuso, pues lo estaba. Ella se sentó sobre mi a horcajadas y me volvió a besar. Cogió mis manos y las puso sobre sus esféricos pechos.. No sabía de que hablaba, hasta que retiró el tanga y un brillante y medio fláccido pene apareció ante mi. Me lo quedé mirando y sólo supe decir:

-Pero es imposible. Tu eres una mujer- A ella (o él), no le gustó mucho esa respuesta.

-Veo que no te gusta lo que ves- Yo como única respuesta acerqué una mano y acaricié el pene. ¿Que me estaba pasando? A mi no me gustan los hombres, pero claro está, yo veía a Sofía como una mujer, aún sabiendo que tenía pene.

-Me has sorprendido, eso es todo. No me lo esperaba. No es que no me guste- Expliqué mirándola a los ojos, aunque alguna mirada se me iba al pene. -No quiero que te vayas, me gustas- Dije siendo sincero, deslizando mi mano por aquella tímida polla.

-¿Seguro que quieres que me quede?- Dijo ella. -No quiero que lo hagas por pena- añadió con mirada furiosa.

-No hombre, pena ¿de que?- dije dándome cuenta de que hablábamos muy alto teniendo en cuenta la situación. Admirando su cuerpo dije: -Eres la mujer más hermosa con la que he estado y lo que me acabas de enseñar no cambia eso- Dije admirando su pequeña polla. -Bueno, un poco pero yo te sigo viendo como lo que par ami eres, una mujer- Dije sorprendiéndome a mi mismo de la elocuencia de mis palabras.

-Entonces, ¿quieres que sigamos?- Preguntó.

-Si, ven conmigo- La atraje hacia a mi. Nos besamos de nuevo con más ímpetu que antes. Su pene descansaba sobre mi estomago. Podía sentir sus testículos también. Al separarnos y levantar la vista pude comprobar que seguía siendo la misma mujer preciosa con la que me había besado hacía un rato, así que lo volví a hacer. Nos fundimos en un intercambio de saliva. Ella sorbía mi lengua y yo jugaba con la suya.

-Quiero que me folles, Víctor- Me dijo al oído. -Quiero sentirte dentro de mi- Y comenzó a besarme el cuello. Todo el conjunto me daba mucho morbo. No sé porqué pero no me daba asco ni me producía rechazo el tener una polla sobre mi estómago. Sus palabras habían surtido efecto y mi verga volvía a estar en acción. -Mmmm como la noto. Se ha puesto de nuevo dura- Ella misma echó mano de mi polla y la apuntó hacia su culo. -Despacio cielo, por favor- Me dijo y poco a poco entró sin dificultad. Ella se fue literalmente sentando sobre mi polla mientras se la introducía en su ano.

-Ahhhh, dios que placer...- Gemía mientras comenzaba a moverse. Sus caderas iban hacia adelante y hacia atrás, dando ritmo. Su polla se puso casi erecta. Yo la miraba y pensaba en cogerla, en acariciarla, como a mi me hubiese gustado que me hiciesen, pero no me decidía. Sofía estaba en éxtasis. Echaba la cabeza hacia atrás mientras me follaba. -Cariño, que polla tienes, es perfecta para mi chochito de atrás- Dijo. Por fin de me decidí y agarré con decisión su pene y comencé a hacerle una paja.

-Ahhh, por favor no pares. Sigue tocándome el coño- Decía refiriéndose a su polla. No era muy grande, pero tampoco pequeña. Al mismo tiempo la mía penetraba el apretado culo de Sofía, lo cual me ponía a cien.

-Ehh, Víctor....afferffrf- Sonó la voz de Ana desde la cama. Sofía tal y como estaba se agachó tan rápido como pudo.

-Ha levantado la cabeza....- Me susurró al oído. -No contestes- Me dijo. El respaldo del sofá nos servía de parapeto. No podía vernos. Sofía, tal y como estaba pegada a mi, comenzó a moverse de nuevo. Su pene, presionado por nuestros estómagos se deslizaba entre ellos con cada vaivén de Sofía. Me gemía al oído. -Como siga así me corro cielo-

-Pues correte, no me importa- Ella me miró y me beso para ahogar los gemidos. Noté como un líquido tibio manchaba nuestros cuerpos. Ella me metía la lengua y me follaba más deprisa. Su leche es extendía con cada movimiento. Yo no podía aguantar más. Iba a correrme. -Yo también me corro-

-Hazlo dentro amor. Inúndame de leche el culo – Me dijo sin levantarse por miedo a que Ana siguiese mirando. Nuestros gemidos se quedaban en susurros y nuestras embestidas en meros vaivenes. -Ahh, siento tu leche dentro de mi! Disfruta! Correte!- El orgasmo que me sobrevino fue de los más intensos que he tenido nunca. Me palpitaba la polla dentro del culo de Sofía. El semen...su semen se comenzaba a escurrir por el costado. Ella metía su lengua en mi boca y nuestros labios se entrelazaban en un frenesí desesperado. Yo la agarraba del culo y la apretaba fuerte contra mi. Ella gemía levemente. Sus pechos erectos se apretaban contra mi torso.

Permanecimos así un buen rato, besándonos, tocándonos, apretándonos. No queríamos separarnos. Habíamos disfrutado muchos los dos y queríamos más. Ella levantó un poco la cabeza. Y comprobó que Ana seguía dormida. Así era. Nos levantamos despacio y nos fuimos al baño. Una vez allí cerramos la puerta y volvimos a besarnos. Desnudos, con nuestros penes aún semi erectos.

-Siento como tu leche sale de mi- Y me agarró la polla para hacerme una tímida paja.

-No no no, por favor- Dije apartando su mano con delicadeza. -Está muy sensible- Mire para abajo y me deleité con lo que vi. Tenía todo el cuerpo depilado, y de su femenina figura asomaba su mediano pene.

-¿Que miras?- Me preguntó ella mirándome a los ojos.

-Tu increíble figura...y tu pene-Dije sonriendo.

-Es mi coñito- Dijo sonriendo y me volvió a besar. Yo la agarré del culo y la apreté contra mi. Al separarnos nos dimos cuenta de que estábamos pegajosos por su semen.

-Será mejor que me limpie- Dijo. Agarró una toalla y la humedeció limpiándose la tripa y el estómago. Después se vistió. Yo no dejaba de admirar su belleza y cuerpo. Su pene me tenía absorto. Era preciosa toda ella.

-No creí que me fueses a pedir que siguiésemos- Me dijo mientras terminaba de vestirse.

-Has sido mala. Deberías habérmelo dicho desde el principio- Dije. -Es justo-

-¿Te habrías acostado conmigo si te lo hubiese dicho?- Me preguntó ella.

-Nunca lo sabrás- Respondí yo. Observé como se colocaba el vestido y el pelo mientras se miraba al espejo.

-Tengo que irme, ¿me acompañas a la puerta?- Y tendiéndome la mano me pidió que la acompañase a la puerta de la suite. Salimos del baño y caminamos en silencio a través del salón hacia la puerta de la habitación cogidos de la mano. Aún no me lo creía, me había follado a un transexual. Y me había gustado. Que estaba pasando conmigo, “Yo no era así”. Inmediatamente deseché esa idea, era demasiado homófoba.

-¿Volveré a verte?- Pregunté.

-Vaya esto si que es una sorpresa. ¿Quieres volver a verme?- Dijo con cara de incredulidad.

-Ya lo estoy deseando- Le dije y agarrándola de la cintura la arrimé a mi y nos fundimos en otro beso. Pasional y cariñoso a la vez. -Aún estaré dos días más en el hotel. Tenemos reservada la suite hasta el lunes-

-Lo sé, yo también me quedo una noche más. La boda coincidía con el cumpleaños del abuelo y lo han querido aprovechar- Dijo acariciándome la cara. -Recuerda que yo también soy de la familia- dijo riendo. Y me volvió a besar. -Depende de ti si me quieres ver. Adiós cielo, que duermas bien- Me besó en los labios y salió de la habitación sin decir nada más.

¿Que me pasaba? Acababa de engañar a mi mujer delante de ella, prácticamente y ahora quería volver a hacerlo. No estaba enamorado, o eso pensé. Ana no iba a dejar de beber. No veía ningún futuro a mi matrimonio, si las cosas no cambiaban.

Caminé por la suite nervioso, y excitado a la vez por lo que acababa de hacer. Mi vista se dirigió a la cama donde descansaba mi mujer, tan borracha como para darse cuenta de que la había puesto los cuernos delante de ella. Menudo matrimonio me esperaba. 

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