viernes, 28 de marzo de 2014

IVON

Hola mi nombre es Ivonne, y les contare como inicie en este delicioso mundo del travestismo. Ahora tengo 25 años y a pesar de que sigo siendo de closet estoy locamente perdida en el vicio de ser penetrada por un hombre. Todo comenzó a los 18 años, muy diferente a como la mayoría empiezan. Siempre había tenido definida mi sexualidad, me gustaba las chicas, mas sin embargo siempre había sido burla de mis compañeros diciendo que tenia mejor culo que algunas chicas de la clase, la verdad a mi me parecía una broma. Había terminado de estudiar el bachillerato en mi país Guatemala y soñaba con estudiar en la Universidad, pero la situación económica de mi familia no me lo permitió por lo cual me vi obligado a conseguir un trabajo. Trabaja todos los días en un pequeño camión repartidor de productos en centros comercial, por lo cual me tocaba manejar largas noches hasta llegar a casi todos lados en el Pais. Un día me toco ir a un lugar llamado Cobán, Alta Verapaz como a 4 horas de la ciudad. Todo parecía normal en el día pero de repente empezó a caer una lluvia la cual en momentos se convirtió en una gran tormenta. Decididi seguir manejando esperando que el clima mejorara, cuando de repente escucho un gran ruido en mi carro, rapido pensé que había atropellado a alguien pero lo único que había pasado era que había golpeado una piedra y había pinchado mi llanta. ¡DIABLOS!, con rapidez me baje y me di cuenta que el problema era algo mas que eso. En ese momento me fruste y me enoje por lo cual me quede afuera del auto, mojandome y llorando amargamente por no poder hacer nada. En ese momento veo como a lo lejos se acerca una carro, de esos tipo agrícolas, y en el iba un señor de unos 50 años. -¿puedo ayudarlo en algo?, fue su pregunta. Rapidamente accedí y me dijo que lo mejor era que dejara mi carro ahí, muy amablemente me ofreció un lugar donde pasar la noche. En el camino iba relatando que viva solo, que su única hija se acababa de ir de la ciudad para la capital y que su esposa tenia 5 años de haber muerto. Estaba sorprendido de la confianza que el me tenia. Por fin luego de unos 20 minutos llegamos a su casa, el rápidamente me ofreció una toalla y me dijo: -no te preocupes, buscare algo de ropa para que te quites esa mojada-, le agradecí y espere unos minutos en la sala de la casa, que por cierto era una casa muy bonita. Miro los cuadros familiares y me di cuenta lo lindas que eran su esposa y su hija. Por fin apareció el, y me dijo -porque no subes al cuarto del fondo, deje algo de ropa para ti ahí, echa tu ropa mojada en ese canasto y yo la secare-. Me seguía sintiendo sorprendido, pero a la vez agradecido. Por fin entre a la habitación y me quede con la boca abierta al ver que era la habitación de su linda hija. Sigue caminando y cuando llegue a su cama vi una nota que decía: "Ya vi el lindo cuerpo que tienes, en el closet hay mucha ropa para ti, viste muy linda y te espero abajo". ¡QUEEEEEE! fue mi reacción al ver esto, que cree que soy este desgraciado, salí corriendo pero cuando intente abrir la puerta me di cuenta que esta con llave. ¡MALDICIÓN! dije dentro de mi. Para desgracia había dejado mi ropa afuera de la habitación ya que el se había ofrecido a lavarla, y ahora estaba ahí, desnudo, humillado y con miles de ropas de mujer a mi alrededor. Pasaron unos minutos y en mi mente me rehusaba a ser humillado de tal manera, pero después de algún tiempo el frio de mi cuerpo empezó a ser mas fuerte. Por mi mente pasaban miles de ideas, y en una de esas pensé que si talvez le seguía la corriente a ese tipo me dejaría en paz, quizá solo era un pervertido que le gustaba la ropa de mujer. En ese momento decidí buscar algo que ponerme y abrí el Closet, en ella encontré verdaderamente un mundo, (sin saber que ahora seria mi mundo), vi tangas, medias con portaligas, cacheteros, baby dolls, minifaldas, tops, blusas vestidos, y miles de zapatos en especial de tacón. La curiosidad me gano y empece a probarme la ropa, cuando sentí estaba con una tanga negra la cual estaba en medio de mi culo. Una extraña sensación pero agradable paso por mi cuerpo, ¿Que es esto? se sentía rico, así me empece a poner unas medias las cuales eran el conjunto de la tanga, las sensación de las medias eran aun mayores y eso me encantaba aun mas, esto me empezaba a excitar de una manera tremenda. Lo único que me puse luego fue un minivestido color negro (que aun lo conservo como regalo de esa primera vez). Al final solo me puso unos zapatos de tacón alto, color gris como de 13 cms. Recuerdo que esa primera vez fue algo insípido, sin maquillaje ni nada mas que las ganas de terminar con esto. Después de algunos minutos por fin baje a la sale y ahí estaba el. ¡WOW! fue su expresión al verme así. -Pense que nunca vendrías niña-, me dijo, -eres idéntica a las amigas de mi hija-, -sientate, solo te falta algo mas para que seas una linda señorita-, en esos mentos se fue y regreso con una peluca liza rubia y me la puso. ¡BRAVO! - estas echa toda una mujer-, en ese momento la pregunte ¿Que es lo que quiere de mi?. -Vamos relajarte dijo-, hace mucho que no salgo, platico con alguien y solo quiero pasar un rato agradable al lado de una joven como tu. Mis ideas seguían mas revueltas que nunca. ¿Sera que de verdad solo quiera platicar? ¿Que ni se le ocurra insinuarme algo sexual?. El me ofreció algo de tomar, era algo como agua ardiente, era muy fuerte, y la platica se fue extendiendo, parecía una persona muy agradable, y me empezo a gustar la idea de que me dijiera y me tratara "Nena". Luego de unos minutos platicando me dijo -Que te parece si te ponemos un nombre como la nena que eres-. desde ahora te llamaras Ivonne. ¡Geniaall! eso me seguía excitando mas y mas. Parecia ser que habíamos tomado demasiado, y el puso algo de música romántica. Su cuerpo empezó a acercarse al mío, y esa sensación rara pero agradable nuevamente invadía mi mente, el se acerco a mi, me tomo por la cintura y sus labios se acercaron a los míos. -De verdad eres una mujer hermosa- menciono, mi cuerpo y mente ya no aguantaba más, esto realmente me estaba gustando. Respondi a esos alagos con un beso en la boca, el cual fue verdaderamente delicioso. Sus manos me tocaban y acariciaban toda la cintura, y de repente fue bajando por todo mi culo, me levanto el vestido y empezó a acariciarme de una manera muy cariñosa mientas nos seguíamos besando. Esto de ser mujer realmente me estaba gustando demasiado. En ese momento me dijo: -¿Ivonne, te gustaría ser mi mujer hoy?, realmente mi mente tenia una respuesta pero la situación tenia otra. Lo único que pudo decir es ¡SI! algo sonrojada. El se quito la camisa y veía su pecho desnudo, lo empece a besar y el con mucha habiliada me corría la tanga masejeando mi ano. Mientras nos seguíamos besando el se quito el patalon y pudo ver su pene, de unos 20 cms de largo muy grueso y jugoso, en ese momento no sabia que eso seria mi delirio por los próximos años, tener un pene en mi boca o aun mejor en mi culo. El me quito el vestido y me dejo solo en tanga, medias y zapatos, en esos momentos con su dedo siguio acariciando mi culito, siguió haciendo con dos dedos y luego con tres hasta que mi culo se habrio un poco. En esos momentos puso un condón en su maravilloso miembro y puso su pene en mi culito, -tranquila nena-, y como todo un caballero me dijo -si no te sientes bien me dices-. En eso momento empezó a metermela despació, realmente me dolía demasiado pero la calentura que tenia me hacia olvidar eso. Luego empezó mas rápido, ¡Haaaa! mira como se excitaba y le encaraba. -¿Te gusta nena?- ¡SIIII! ¡ME GUSTAAA! le respondía mientras por fin todo su pene estaba dentro de mi culo.!!! Podia ver es su rostro el placer que sentía y me encanta poder complacer a un hombre, a pesar de el dolor. Luego de unos minutos pudo ver como saco su miembro y se corrió en todo mi culito. Nos besamos y nos quedamos abrazados luego de tan excelente cogida. A partir de ese día mi vida cambio, y los penes se volvieron mi vicio. Ya les contare mas de mis relatos. Ivonne

jueves, 27 de marzo de 2014

INFIEL

-¿Qué es esto? Carol apareció de repente asomada a la puerta del dormitorio, sosteniendo el móvil con el brazo extendido, mostrándome su pantalla iluminada. Con el gesto enojado, sostenía el aparato de forma inquisitiva, como la madre que muestra a su hijo un calcetín sucio olvidado debajo de la cama. Por la distancia que nos separaba, no podía distinguir las letras de la pantalla pero ya intuía de qué se trataba. Y apestaba. Como el calcetín. -Cari… No es lo que tú crees… Puedo… Puedo explicártelo…-Acerté a musitar. Pero rápido guarde silencio. Me sabía poco veraz y con el inconveniente de lo inesperado del hallazgo de la prueba que me incriminaba arrasó con cualquier abono para que floreciera una escusa en la que escudarme, ganar tiempo y hacerme fuerte. Pero Carol me había sorprendido con la guardia baja. Me sentí indefenso ante ella, acorralado en un rincón de aquella habitación que se hacía más pequeña mientras ella se hacía cada vez más grande. Note como sus ambiguos y bellos rasgos adoptaban una forma más severa, su cuerpo se tensaba, sus ojos se nublaban, sus mejillas enrojecían y la mano que blandía el teléfono parecía que lo iba a hacer añicos. Carol no era una mujer como las demás… -¿Cómo has podido hacerme esto? ¿Cómo te has atrevido? Mi corazón empezó a golpearme el pecho, mis miembros me pesaban y las rodillas vacilaban su ángulo, me sentí aturdido, confundido, desorientado, afligido por algo que me venía grande, una amenaza que me anulaba antes de hacerse material… Sentí miedo. Me limite a encogerme de hombros y después de titubear, con un hilo de voz alegue lo poco (o único) que podía añadir: Lo siento. A Carol no le pareció suficiente, nada lo hubiera sido. Se deshizo de móvil y avanzó unos pasos hacia mí. Era unos centímetros más alta que yo pero calzada en sus tacones, su presencia parecía una efigie que cortaba el horizonte. Lucía un vestido segunda piel que afirmaba su silueta, mostrando sus piernas, dos columnas de granito en movimiento y rematando en un escote palabra de honor que no podía disimular la poderosa voluptuosidad de su busto, que se reivindicaba bajo las telas y se reafirmaba en su parte no cubierta como dos rocas solidas, tersas, duras, aquellas que tanto le habían costado conseguir y ahora le daban un aura de seguridad y poderío. Todo esto se aproximaba a mí, como un furioso alud sobre un alpinista desamparado. Procuré evitar el enfrentamiento del que con toda seguridad tenia las de perder e intenté huir de allí, sorteando su rotunda figura, sus medidas procaces, sus atributos intimidantes que parecían abarcarlo todo. Con un movimiento cerró mi avance, bloqueándome. Traté de adelantarme pero fue imposible, intentaba apartar aquel cuerpo inamovible pero era incapaz de hacer mella en él, al contrario, era yo el que cedía ante aquella estatua esculpida en carne. Su cuerpo enfrentado al mío me aplastaba contra la pared, note sus duras tetas ahogándome el pecho, su abdomen contra el mío y sus piernas abiertas cerrándome el paso. En el bajo vientre también sentí una presión que cada vez se hacía más grande. Sus manos atenazaron como dos garras el cuello de mi camisa y, al tratar de zafarme, quedó hecha girones. A ella también se le había descolocado el atuendo y asomaba en su totalidad un generoso pecho, exuberante, rotundo. -¡Perro! A mí nadie me humilla como has hecho tú, ahora vas a pagar. Me soltó un bofetón que me giro la cara. Fue más doloroso descubrir como el pavor minaba mi pensamiento que el fenomenal manotazo recibido. Una tibia humedad resbalo por mis temblorosas piernas. No pude controlar mi vejiga. ¡Estaba muerto de miedo! -¡Cerdo! ¿Me regalas estos fluidos y a ella le reservas otros? ¡Cabrón de mierda¡ Quítate esas prendas sucias, no sigas faltándome al respeto. Otro bofetón como un relámpago pareció voltear mi cara trescientos sesenta grados. Preso de un temor paralizante, no sabía hasta cuando iba a durar esto. Así que me limité a desnudarme, quedando totalmente descubierto ante ella, sintiéndome expuesto, vulnerable y aunque el hecho de que exhibiera un pecho pareciera igualarnos, la visión de tamaño atributo la hacía más vigorosa. -Ya me tienes como querías, por favor te lo pido, ¡basta! -No, esto no ha hecho nada más que empezar… De un saltó, ataje sobre la cama el camino hacia la salida pero ella se abalanzo sobre mí, cayendo los dos al piso. Siendo un amasijo de brazos y piernas, empecemos a forcejear, me asía y me estrujaba, dominando mis movimientos y obligándome a permanecer inmóvil. Me dominaba, era más fuerte que yo. Porque Carol no era una mujer corriente… Su dura infancia había trascurrido en las favelas más sórdidas, donde no existía el mínimo atisbo de comprensión hacia su condición. En vez de hundirse, Carol capeo todas las adversidades, superó todos los obstáculos, endureciéndose en el proceso y convirtiéndose en lo que es hoy: una transexual orgullosa de sí misma. Mi resistencia era inane ante su potencia, era tan fuerte como un hombre o, en mi caso, más. Extenuado, me rendí ante su inagotable energía, muy superior a la mía. Me manipuló como un muñeco, poniéndome de cara al suelo. Sé que durante la pelea, su vestido había subido hasta la cintura. Me agarró de las muñecas y se sentó a horcajadas sobre mi espalda, empezó a deslizarse suavemente debido a que los dos estábamos sudados. Sus tobillos se aferraron a los míos y rodeándolos con sus pies, abrió sus piernas obligándome a hacer lo mismo. En ese momento noté su miembro resbalando sinuosamente entre los cachetes de mi culo como una serpiente. Intenté moverme pero fue inútil, me tenía completamente inmovilizado. Empecé a notar como la punta empezaba a encarar el orificio de mi ano y en un acto reflejo, empecé a apretarlo y cerrarlo. -¿Quieres luchar? No te va a servir de nada, es más, será más duro para ti. Apreté el culo con todas mis fuerzas y ella empezó a empujar. Su glande comenzaba a abrirse paso entre mis dos nalgas con el sudor como único lubricante. Empecé a gemir por los esfuerzos y ella también. Estábamos en plena lucha, ella por entrar y yo por impedírselo, yo con todas mis fuerzas aferradas a mi culo que se cerraba en espiral y ella con su polla. Su glande conseguía ceder mis paredes de carne introduciéndose poco a poco, milímetro a milímetro, arrasando a su paso con un urticante escozor que parecía quemar mi piel. Aunque cada vez, segundo a segundo, ganaba terreno, el pulso aun no había acabado. Tenía que impedir su avance escasos milímetros más, quería evitar que me penetrara. Poco a poco su polla reptaba por el contorno de mi ano, abriéndolo con su gran grosor, esquilmándolo con su roce, no pudiendo detener su ofensivo avance. Noté como la punta del glande besaba mi esfínter que no podía remediar ya abrirse un poco. La punta de su miembro empezaba a encajarse, tanteando la obertura del musculo que intentaba cerrar, ya conseguía asomarse al interior, pero aun no estaba dentro. Con todas mis fuerzas cerré mi esfínter asfixiando con una llave su capullo. Ella aceptó el envite, endureciendo su polla más si cabe, estremeciendo todas mis carnes que la rodeaban. Apreté lo más que pude, todo mi empeño se concentró en aquella minúscula zona circular de mi cuerpo. Conseguí detener su avance y tuve la fantasía de que ahora, era yo el que la tenía cogida, agarrada, impidiendo sus movimientos y forzándola a retroceder. Del fondo de la garganta de Carol empezó a brotar un gruñido, al principio imperceptible pero cada vez mas ronco e intenso, a la vez que la presión dentro de mi culo fue en aumento. Apreté, apreté y apreté pero ella también lo hacía. Nuestro esfuerzo alcanzó su punto álgido, no podíamos seguir así mucho tiempo, alguno tenía que ceder. En un último esfuerzo, eché los restos. Después no pude más y, agotado claudique. Su gruñido acabo en un grito triunfante. Su polla atravesó mi esfínter casi destrozándolo. Toda su longitud, que se me antojaron kilómetros entraron dentro de mí con el ímpetu de un tren sin control, abriéndose paso hasta el fondo, sin piedad, hasta que sus testículos chocaron contra los míos. Ahogue un gemido sintiéndola en mis entrañas, como esa dureza que me destrozaba por dentro, creí que mi culo iba a estallar. Ella se dejo llevar por el instante, sintiendo una ola de gozo y placer por haberme penetrado al fin, momento en que yo aproveche para escapar y como un latigazo, noté el recorrido inverso de su polla desalojando mi culo. Escapé a cuatro patas por el pasillo a toda prisa, pero por el rabillo del ojo vi su imponente figura: estaba desnuda, de pie, en jarras, una complaciente sonrisa dibujada en su rostro, su pechos erguidos, redondos, abundantes, con los pezones apuntándome como flechas, su vientre liso y fibrado y entre sus dos piernas, su polla erecta, solida, insolente, apuntando al cielo, como una cobra antes de su mortífero ataque, se estremecía en su propia dureza. Uno no puede huir de una diosa y me atrapó a cuatro patas como estaba, enculándome con fuerza. Arqueé la espalda y ella empezó a bombear, al principio despacio, entraba y salía de mi todo lo larga y gruesa que era su polla, destrozándome por dentro. Empezó a coger ritmo y sus envestidas ganaron en ímpetu y velocidad. Sus golpes eran tremendos, lo más que podía hacer era aguantar hecho un ovillo como estaba, derrotado. Ella victoriosa me castigaba penetrándome, violándome. -¿Es así como te follaste a esa puta? ¿Es así como lo hiciste? Las palmadas de su piel contra la mía eran cada vez más sonoras y repetidas. No tenía piedad, su ritmo parecía no menguar nunca, la única dirección era subir la intensidad. Me estaba taladrando profundo, no paraba, no se agotaba, era una diosa. Hasta que paró en seco. Creí que se había corrido, pero me equivocaba. Me agarró por los hombros y comenzó a incorporarme. La notaba dentro de mí, no la había sacado. Irguió mi cuerpo, como si estuviera de pie, pero no tocaba el suelo. Sus manos me soltaron y permanecí suspendido. La fuerza de la gravedad clavo más su polla en mi interior, me empaló. Me tenía cogido como un grafio. Toda la fuerza de su erección aguantaba mi peso. Su polla tenía más fuerza que mis dos brazos. No sé cuanto tiempo permanecí así, vencido, derrotado, exhibido como una presa muerta en las fauces de un depredador. Pero no sucumbí en las fauces de este animal, sucumbí ante su miembro, ante la alucinante fuerza de su polla que me sostenía dentro de mí. Ella se inclinó, liberándome de su puñalada de carne y caí de bruces contra el suelo. Tenía el culo destrozado, abierto como el impacto de un torpedo en al casco de un barco. Intentaba cerrar el esfínter pero parecía dado de si. Todo me daba vueltas, estaba roto por dentro. Comencé a incorporarme como pude y cuando estaba de rodillas sentí un chorro lechoso cubrió mi cabello, cabeza, cara, hombros y pecho. Su liquido barnizo todos mis poros, toda mi piel, desde la frente, pestañas, pasando por la comisura de mis labios, reptando desde mis pezones hasta mi ombligo. Después de esta jornada tan dura, cuando estuve empapado, sentí la paz. EPILOGO -Carol, lo de hoy ha sido estupendo. -¿Te ha gustado nene? -Si mucho, tendremos que repetir. -Cuando quieras. -Déjame ahorrar un poco. Cuando cobre el mes que viene, me tienes aquí. -Te estaré esperando.