Hola a tod@s! Soy Gloria y tengo 32 años. El relato que os voy a explicar cambió mi vida por completo.
Para empezar os diré como soy. Mido 1,65 m., soy morena y tengo una talla 100 de pecho. Tengo unas buenas curvas y me gusta llevar mi coñito afeitadito con cuchilla (esto último lo digo por si alguien se quiere tocar y ponerle más morbo al asunto ;) ).
La historia empezó hará cosa de un año. Tenía un novio formal y llevavamos 2 años viviendo juntos. Yo trabajo de camarera en un bar de copas los fines de semana. Solía llegar a casa a eso de las 3:30-4:00 de la mañana a casa. Normalmente a esa hora mi novio ya se había acostado y estaba adormilado, con lo que era muy raro que le apeteciera hacer el amor. En cambio, yo llegaba súper cachonda después de que un montón de tios babosos me tiraran la caña, me gustaba sentirme deseada, así que me duchaba y dejaba que el chorrito del mango de la ducha masajeara mi garbanzito rosa (las mujeres ya sabeís a que me refiero), una vez me corría me iba a la camita y dormía del tirón. Hay cosas peores, podría haberle sido infiel a mi novio.
Ese día, hubo muy poca gente en el bar. El jefe nos dijo que cerráramos antes y nos fuéramos a tomar una copa todos juntos. Como sino supiera que se me quería cepillar. Yo fui buena y me fui para mi casita a follarme a mi novio. Abrí la puerta muy lentamente para darle una sorpresa. Aún había luz en el comedor. Me acerqué de puntillas y abrí la puerta de golpe. Buuuuu dije.
Sin embargo la sorpresa me la lleve yo al ver el espectáculo que me encontré. Estaba mi novio con los calzoncillos por los tobillos y sentado frente al ordenador, tenía papel de wáter a un lado y en el otro crema de manos. Estaba empalmado y quedaba muy claro que le había pillado haciéndose una paja.
Reaccioné con normalidad, no quería ser cínica, yo también me masturbaba cada fin de semana, pero tenía curiosidad con que se pajeaba.
Me acerqué a la pantalla y ví a un negro con una polla enorme partiéndole el culo a una chica muy mona. La verdad es que empezaba a notar como se iba mojando mi tanguita. De pronto la chica se giró y tenía una polla casi tan grande como la del negro!!!
Nunca había visto eso. La verdad es que me pico la curiosidad. Mi novio intento cerrar el vídeo pero no le dejé. Le dije que se continuara pajeando, el dijo que no, pero yo que venía bastante cachonda, eso era echar gasolina para apagar el fuego. Me quité la mini que llevaba y el tanguita de golpe y me empecé a acariciar el clítoris. Eso excitó a mi novio y empezó también a tocarse.
Vimos toda la escena, no podía quitarle los ojos a esa chica, tenía un cuerpo precioso, una cara angelical, unas tetas firmes y bien puestas, y una buena polla, larga y gruesa, mucho más grande que la de mi novio, y la llevaba afeitadita como mi coñito. El negro empezó a comerle el culo. Nunca había imaginado eso, era precioso ese agujerito. Aún me mojo sólo con recordarlo…
Me estaba masturbando a placer y oí que mi novio me dijo que se iba a correr. Le contesté que lo hiciera en el papel de wáter, que quería ver como lo hacía cuando yo no estaba. Al verlo me vine yo también.
Al acabar me fui a duchar, y mi novio a la cama. Cuando acabé tambien fui para el dormitorio.
- Eres gay .- Le pregunté directamente.
- No.- contestó
- Desde cuanto tiempo hace que te masturbas con películas de tías con polla.- Le dije
- Se llaman transexuales y es la primera vez.- Dijo
- Venga va… Seguro. Oye que sepas que me ha dado mucho morbo y me gustaría hacer un trio con un transexual.- Dije
- Eso es sólo una fantasía. Duérmete ya que llevas dos copas de más.- Me contesto, se dio media vuelta y me dejó con la palabra en la boca.
A la mañana siguiente, el había quedado con sus amigos para ir en bicicleta. Cuando escuché que se iba, me levanté como un relámpago hacia el ordenador. Revisé las últimas páginas que había visitado y comprobé que era asiduo a ese tipo de pornografía. Fui mirando los vídeos con los que mi novio se había pajeado y no pude resistirme y me masturbe, vídeo sobre vídeo, paja sobre paja.
Busqué páginas de contactos de transexuales. Había cientos, unas más agraciadas que otras. Encontré una que me cautivó. Tenía un cuerpo precioso y un culo muy bien puesto, sus medidas 120 de pecho, 1,65 m. y 18 cm. de polla. Estaba tan cachonda que empece a tocarme, cuando estaba a 100, en lugar de correrme la llame. Una voz muy dulce que me dió mucha confianza me contestó. Concerté una visita a mi piso para esa misma noche.
Le dije a mi novio que vendría una nueva camarera a cenar, que era de fuera y no tenía muchos amigos. No puso ninguna objeción.
La cena transcurrió muy amena, ella era muy dulce y natural, con una voz melosa y sensual que te hipnotizaba. Cuando íbamos por el cava dije:
- Yo: Pues ayer lo pille tocándose con una película de transexuales.
Mi novio se puso rojo con un tomate.
- Ella: Te dan morbo los transexuales?
- Él: No es sólo curiosidad.- tartamudeaba.
- Yo: He revisado las páginas que visitas y últimamente te la machacas mucho para ser sólo curiosidad.
- Ella: Me gustaría ver un video de esos…
- Yo: Ahora pongo uno.
- Él: Déjalo estar…
- Ella: Venga no seas aguafiestas… será divertido.
Puse un vídeo en el que salía una chica, una transexual y un chico enrollándose. Mi novio se levanto de la mesa y se fué. Estaba muy cachonda, me bajé los leggins y me quedé en tanguita. Ella lo apartó a un ladito y empezó a acariciar mi rajita mientras veíamos el vídeo.
- Yo: Dejame ver tu polla
Hizo un striptease delante de mí. Era muy guapa. Su culo me impresionó. Llevaba un tanguita rosa y por delante no se le notaba nada.
- Yo: Dónde la escondes?
Se quitó el tanga, abrió las piernas y apareció ante mí un pene precioso. Era grande pero delicado, que miraba desafiante el cielo. Más grande que la de mi novio. Sin lugar a dudas un buen pollón. Empecé a chuparlo con dedicación. Que rico!
Tenía la piel muy suave y los pezones pequeñitos y duros. A medida que los mordisqueaba más me mojaba. Me comió la almeja como nadie lo había hecho, con unos lengüetazos húmedos sobre mi ano. Nunca había sentido esa sensación.
- Folla mi culito, es virgen, con cuidado.- le dije.
Me dio un masajito con una crema alrededor de mi agujerito y noté como entraba un dedo… dos… y tres. Luego metió la punta de su capullo rosado en la entrada de mi culo y me penetró. Eso me dolió, pero empezó a moverse y poco a poco el dolor se transformó en placer. Me estaba enculando encima de la mesa del comedor y ví a mi novio pajeándose en el umbral de la puerta.
- Él: Puedo pasar?
- Yo: Si pero no tocar… bueno…sí quieres participar, le tendrás que comer la polla…
Sacó la polla de mi culito y se la ofreció a mi novio. Fue una pasada ver como mi novio chupaba una polla. Me gustaba verlo degradado de esa manera.
- Yo: Quien la chupa mejor?
- Ella: Él. Se nota que hace tiempo que lo desea y sabe como está mas rico.
Entonces cogí su cabeza y la empujé contra la polla de ella, quería que se ahogara, en sus vómitos. Ahora resultaría que la chupaba mejor que yo.
- Yo: Dos años juntos y al final resulta que eres un chupapollas. Pues ahora te van a follar tu culito, lo que siempre me habías querido hacer a mí.
No dudó un instante, mi novio se puso a cuatro patas dejando su culo abierto ante nosotras. Ella cogío el bote lubricante.
- Yo: No, a pelo, que aprenda!
Le metió la polla hasta al fondo de una tacada. No dijo palabra. Se notaba que lo estaba gozando. Yo empecé a tocarme y a comerle los huevos a ella. Luego obligué a mi novio a que probara mi culito. En el sexo convencional era bastante normalito pero en estos temas se le notaba muy implicado.
- Me voy a correr.- dijo
Recogí toda su lechita en mi mano y se la hice chupar mientras aún le enculaban.
- Cométela que ya verás como te gusta. No es lo que me dices a mí?
Lo lamió como una putita. Luego lo aparté y le dije que era mi turno.
Me encanto lo bueno que se sentía dentro de mi culito mientras yo acariciaba mi clítoris. Me corrí varias veces.
Cuando ella se iba a correr mi novio y yo nos pusimos de rodillas y le empezamos a devorar la polla como dos carnívoros que se pelean por un trozo de carne. Se corrió abundantemente sobre nuestras caras.
Luego nos duchamos los tres y nos despedimos con sendos besos profundos en la boca.
Al día siguiente mi novio y yo dejamos de ser pareja. Aún sigo quedando con ella y me hace sentir más mujer que ningún hombre con los que he estado. Desde entonces sólo me acuesto con transexuales. Mi novio, sospecho que hace lo mismo que yo.
Espero que os haya gustado.
sábado, 26 de abril de 2014
viernes, 25 de abril de 2014
VOLVIENDOME CHIKA
Yo era muy masculino de 1m87 de estatura y 90kg. Iba regularmente al gimnasio donde ejercitaba a diario. Sin razón aparente, una mañana me vinieron unas arcadas que me hicieron vomitar todo el desayuno. Al principio no le di importancia; sin embargo, luego de tres días de vomitar todo lo que comía terminé en un hospital de la capital.
Hicieron varios diagnósticos, desde cólera hasta infecciones intestinales y muchas otras enfermedades que no puedo recordar; sin embargo, pasaron 6 meses desde que entré al hospital hasta que lograron controlar mi enfermedad. Salí vivo pero muy devastado. Al salir, a pesar de mi estatura pesaba solamente 55kg; por lo que se me recomendó no salir a la calle. Mis defensas estaban muy bajas. Se me dio una dieta basada en fibra y ejercicios, para recuperar todo el musculo que perdí.
Mis padres vivían en un pueblo muy pequeño a 4 horas del hospital; por lo tanto, decidieron que me quedaría en la casa de una prima que vivía en la capital, debido al control médico necesario. Ella se ofreció a cuidarme. Al llegar a casa de mi prima me vi al espejo, mi cabello estaba largo, una barba horrible y mi ropa claramente mostraba mi pérdida de peso. No podía creerlo, el hombre grande no estaba, todos mis músculos se redujeron a un saco de huesos. Mis pechos, se colgaban como si fuesen senos caídos de una señora de edad. Me puse a llorar.
En ese momento entro mi prima a la habitación me abrazó y me dijo:
- No llores Gaby, vas a ver que pronto vas a estar bien. Anda, aféitate que yo buscaré algo de ropa para ti.
Bajo con ropa deportiva, un tanto unisex, un poco pegada al cuerpo y unas pantaletas sin encaje.
- Póntelo, ya encontraremos ropa de chico en tu talla en otro momento.
Una vez que me había afeitado me agarré una media cola y me pude la ropa. No lo podía creer, parecía otra persona. De hecho, gracias a mi pérdida de peso y a mi cabello se me veía como señorita. Tuve una sensación extraña en mi estómago pero me gustó.
Pasaron 2 semanas hasta que pude salir a comprar ropa masculina, el tiempo estaba frío y no podía arriesgar a resfriarme. Compré lo básico, ropa deportiva para pasar en casa y unos vaqueros y camisas para cuando tenía que salir. Sin embargo, a pesar de estar contento de poder vestirme bien, sentí algo extraño, como si algo me faltase. No le di importancia!
Al cabo de un mes, ya había reafirmado un poco mis músculos y mi piel ya no chorreaba como al principio; sin embargo, no lograba subir de peso. Mi cuerpo no era nada masculino, sentía que tenía pechos, supongo que en parte por haberlos trabajado mucho antes de mi enfermedad, y en parte por todo lo que tomé mientras iba al gimnasio.
Un día que toda mi ropa de gimnasio estaba un poco sucia busqué un poco de ropa de mi prima para ejercitarme. Al ver su ropa, una sensación extraña recorrió mi cuerpo. La misma sensación que tuve el día que llegué a casa. No sé qué me pasó por la cabeza en ese instante, pero de un momento a otro, decidí probarme unos vaqueros descaderados y una blusa rosa, algo holgada, que dejaba al descubierto la parte baja de mi espalda. Fue en ese momento que descubrí que es lo que me faltaba el día en que volví a usar ropa masculina. Dejé al descubierto algo que he tenido en mi interior desde no sé cuándo. Desde ese día, pasé casi todos los días disfrutando de la ropa de mi prima, usándola y modelando con ella por su casa sobre todo los miércoles. Todos los miércoles ella debía salir temprano y regresaba pasadas las 10pm, así que esos días solía aprovechar para feminizarme aún más que los demás días. Me despertaba, tomaba un baño, me hacía un manicure de manos y pies, me maquillaba y al final me vestía. Este fue mi ritual de los miércoles durante casi tres meses hasta que fui descubierta.
- Que estás haciendo?
Preguntó mi prima sorprendida al entrar en casa.
- Hace cuanto que haces esto?
No sabía que responder. Era una situación totalmente extraña. Cómo explicarla? No tenía idea.
- No sé qué ha pasado. Desde que usé tu ropa por primera vez, algo extraño sucede en mí……..
Pasaron varios minutos hasta que se rompió el silencio.
- Ahora comprendo porque mi ropa estaba nunca estaba en su lugar.
Dijo mi prima y continuó:
- Yo tampoco lo entiendo, pero si lo vas a hacer tienes que hacerlo bien!!
Me quede sin palabras mientras ella continuó:
- Sube a mi habitación y quítate la ropa que te voy a poner linda!
Al cabo de 5 minutos subió. En sus manos llevaba cera de depilación y con ella comenzó a depilar todo mi cuerpo. Al finalizar me untó crema humectante. Mi cuerpo se sentía completamente suave. No recuerdo haber tenido mi cuerpo tan libre de pelo desde mi infancia. Era una sensación muy agradable.
Aunque siempre he llevado mis uñas bien cuidadas, les faltaba un poco de color. Tomó un esmalte de color azul con brillos de color plata y finalmente pinto las uñas de mis manos y mis pies. Luego pasamos al bello facial. Primero sacándome las cejas dejando apenas una fina línea y luego afeitando mi barba hasta que no quede ningún rastro de ella. Finalmente me maquilló
Hasta ese momento, no había hecho ninguna objeción nada. Sabía que, o al menos lo pensaba, que todos los cambios eran reversibles. Sin embargo, el momento que me distraje, ella aprovechó para para hacer la primera perforación de mi orejas.
- Que haces?
Repliqué
- No te preocupes que los chicos también pueden usar pendientes. O no?
Antes de acabar la frase perforó mi otra oreja derecha. Una mezcle de dolor y excitación se mezclaron en mi. Mi prima aprovechó mi excitación para seguir perforando mis oídos. Al final terminé con dos pendientes en el oído izquierdo y tres en el derecho.
- Al parecer te ha gustado no? Vamos a mi dormitorio tienes que vestirte! Desde hoy puedes utilizar mi ropa sin esconderte; al menos hasta que compres la tuya.
Yo no podía decir ni una palabra, solo asentía con la cabeza.
Saco del armario un hilo y un sostén de encaje color negro, unos pantalones stretch estilo pescador de color rosa que dejaban ver mis tobillos y un Bvd azul que dejaba al descubierto un poco de mi cintura.
Cuando acabé, mi masculinidad se había escondido totalmente. Era claro que no era mujer, no tenía pechos (al menos casi nada pues mis días de levantar pesos habían dejado sus marcas) y tenía un pequeño bulto en mi entrepierna. Pero mi feminidad la hubiera envidiado cualquier chica.
Pasaron algunos días como ese. Todos los días intentaba ponerme linda, aunque me tomó tiempo dominar el maquillaje. Pero poco a poco se volvió algo natural.
Pronto volveré con la historia de mi primera salida… Espero sus comentarios.
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